No hay victoria en combate a drogas

CON BASE EN DATOS DE LA CASA Blanca, este país se está apuntando grandes victorias en el combate a las drogas, particularmente en contra de los carteles de la cocaína. Los oficiales celebran que los decomisos de cocaína han aumentado... lo cual ha dado origen a precios mayores en las calles de Estados Unidos. El índice del consumo de cocaína entre adolescentes ha bajado, al tiempo que, comentan oficiales, las pruebas en lugares de trabajo dejan entrever un descenso en el consumo entre adultos.

Editorial del New York Times

John Walters, el zar antidrogas de la Casa Blanca, declaró previamente en este año que los “valerosos y eficaces” esfuerzos en contra de las drogas en Colombia y México “están alterando la producción y el flujo de la cocaína”.

Este entusiasmo se apoya en una lectura sumamente selectiva de los datos. Otra mirada sugiere que Estados Unidos, pese a los miles de millones de dólares que ha invertido combatiendo a los carteles, difícilmente ha hecho mella en el tráfico de cocaína.

Si bien los decomisos han aumentado, lo mismo ha ocurrido con los cargamentos. Con base en cifras del gobierno de Estados Unidos, se embarcaron 1.421 toneladas de cocaína a través de Latinoamérica y con destino a Estados Unidos y Europa el año pasado, lo cual representa un aumento de 39 por ciento respecto de las cifras de 2006. Y pese a masivos esfuerzos con miras a la erradicación, Estados Unidos estima que el área dedicada al cultivo de la hoja de coca en los Andes se expandió 16 por ciento en año pasado. La Administración pone en duda dicha cifra.

Los carteles de las drogas no están corriendo en busca de refugio. México y algunas partes de Centroamérica están siendo inundadas por la violencia relacionada con el narcotráfico. Los latinoamericanos se están convirtiendo en fuertes consumidores de cocaína, en tanto los narcotraficantes están abriendo nuevas rutas a Europa a través de frágiles países del Oeste africano. Algunos expertos argumentan que el aumento en el precio de la cocaína en las calles estadounidenses se debe, en su mayor parte, a la firmeza del euro y el acelerado crecimiento de la demanda en Europa.

Con todo y las pruebas antidopaje en sitios laborales, el uso de cocaína en Estados Unidos no está bajando. Aproximadamente 2,5 por ciento de los estadounidenses consumió cocaína al menos una vez en 2006, lo cual equivale al mismo porcentaje registrado en 2002, con base en información del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Si bien el consumo de cocaína ha mostrado un descenso entre adolescentes, los alumnos del último grado de bachillerato están consumiendo más: el equivalente a 5,2 por ciento de ellos consumió cocaína el año pasado, comparado con 4,8 por ciento en 2001 y 3,1 por ciento en un punto bajo de 1992, dice un sondeo conocido como Vigilando el Futuro, el mismo que lleva a cabo la Universidad de Michigan.

Todo lo anterior deja entrever serios problemas con una estrategia que se enfoca abrumadoramente en alterar el suministro de drogas, al tiempo que hace muy poco por reducir la demanda interna.

Washington destinó 1.400 millones de dólares a esfuerzos de ayuda en contra de las drogas el año pasado, en su mayoría para pertrechar a las Fuerzas Armadas de Colombia y fumigar cultivos de coca en los Andes. Invirtió otros 7.000 millones de dólares en esfuerzos relacionados con drogas, aplicación de leyes e interceptación tanto dentro del país como en el extranjero. Invirtió menos de 5.000 millones de dólares en programas de educación, prevención y tratamiento en escala interna para reducir el abuso de sustancias.

El esfuerzo en contra de las drogas ha producido algunos éxitos. El uso de marihuana en Estados Unidos ha bajado desde 2002, último año del que el gobierno tiene datos comparables. El uso de otras drogas, como la metanfetamina, se ha reducido marcadamente. Con la ayuda estadounidense, las Fuerzas Armadas de Colombia han debilitado enormemente a la guerrilla de las Farc, uno de los principales participantes en el narcotráfico.

La próxima administración en Estados Unidos debería seguir ayudándoles a gobiernos latinoamericanos a que acometan a los traficantes. Sin embargo, debe aprender de las deficiencias en la estrategia actual.

Los esfuerzos de erradicación tienen mayores probabilidades de tener éxito si se invierte más dinero en programas para separar a los cultivadores de coca del negocio ilícito y se mejoran las vidas de sus familias y comunidades. México, en particular, está en grandes problemas, y el próximo jefe de Estado de Estados Unidos debería darle seguimiento a los planes de la administración Bush con miras a proporcionar ayuda para el combate de las drogas. Tiene que haber una combinación diferente: menos dinero para equipamiento de las fuerzas de seguridad y más para el desarrollo económico y programas con miras a la reforma y fortalecimiento del sistema judicial de México.

Por encima de todo, la siguiente administración debe aplicar un esfuerzo mucho mayor a fin de reducir la demanda; invirtiendo más en el tratamiento de adictos y menos en encerrarlos en la cárcel. Tribunales que ven casos de drogas, que condenan a los usuarios a seguir un tratamiento, siguen manejando tan sólo una pequeña minoría de los casos de drogas, y esto se debería expandir ampliamente. Los tratamientos para combatir drogas entre reos que abusan de drogas, en particular delincuentes juveniles, también deben ser acrecentados.

En general, el abuso de drogas debe verse más como una inquietud de salud pública que como, principalmente, un problema relativo a la aplicación de leyes. Hasta que la demanda se reduzca dentro de Estados Unidos, no hay oportunidad de ganar el combate a las drogas.

c.2007 - The New York Times News Service.

 

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