Por: Mario Fernando Prado

"No hemos bajado la guardia"

EL SIRIRÍ DEL PASADO VIERNES PROvocó inmediatas reacciones por parte de la alta cúpula militar: Ministro de Defensa y comandantes del Ejercito y de la Tercera División manifestaron que del Batallón de Alta Montaña, ubicado en las estribaciones de los Farallones al occidente de Cali, no se han desplazado ni soldados ni equipos para reforzar las acciones en el Cauca.

Un territorio ganado no lo vamos a abandonar, expresaron, reafirmando que el control y patrullaje de la zona continúan inalterables.

Lo que pasa, agregaron, es que la sensación de inseguridad que hay en las ciudades, y por un efecto sicológico, se ha trasladado al campo y como hay hoy un terrorismo por celulares y por internet, se ha ido creando una sensación de pánico colectivo que en nada se parece a la realidad.

Así las cosas y a tenor de lo enfatizado por el mando militar, el occidente colombiano puede sentirse tranquilo y es falso que se estén montando retenes en la carretera panamericana Cali-Pasto y en la que conduce a Buenaventura, subrayaron.

Y fueron más lejos al garantizar que para los días santos que se nos avecinan, estas rutas que transitan miles de colombianos provenientes de todo el país van a tener vigilancia extrema no sólo con presencia de tropa en las vías, sino también con actividades de inteligencia soportadas por personal helicoportado de manera permanente.

Lo que sí recomendaron fue que se tomen medidas preventivas y que se denuncie cualquier situación extraña para alertar con ello las escaladas terroristas de quienes pretenden alterar el orden público.

Las gobernaciones de Valle y Cauca, con Lourido y González a la cabeza, han reforzado estas declaraciones de los militares con sendos comunicados que dan un parte de confianza y tranquilidad destacando adicionalmente efectivos de la policía en la labor de vigilancia, control y reacción.

Lástima que vivamos en un país así, con el fantasma de la inseguridad rondándonos permanentemente, sobre todo en los días previos a las temporadas vacacionales en que son las carreteras el medio más utilizado por los colombianos para procurarse, paradójicamente, unos días de paz y tranquilidad.

 

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