No a la cadena perpetua

Después de leer el editorial “Una salida fácil y cortoplacista”, me sentí bastante reconfortada; enhorabuena empiezan a aparecer posiciones razonables respecto a tan delicado tema. Igual de interesante es la posición que plantea el doctor Yesid Reyes con respecto al tema.

Soy médica terapeuta sexual y docente de la Universidad de Caldas, del programa de medicina, vengo hace ocho años trabajando con personas que han tenido la experiencia de abuso sexual en sus infancias, y las secuelas relacionadas con esta experiencia para la inmensa mayoría no revisten las secuelas que nos han presentado (daño permanente).

Estudios en la literatura médica hablan incluso de porcentajes hasta del 40% de personas que han superado de manera espontánea esta experiencia. Mi posición como médica sustentada en lecturas y trabajo con pacientes, es que ésta se trata de una vivencia bastante desagradable que en lo posible los niños deben verse libre de ella, y que como profesionales de la salud, de la justicia, de la educación, debemos empeñar todos los esfuerzos y hacer todo lo posible para que no se sigan presentando estos abusos; pero la penalización de dichos actos no beneficia al niño, que paradójicamente con estas medidas termina más victimizado, ni a los agresores que a su vez son víctimas de una cultura sexofóbica que no permite el sano desarrollo psicosexual de las personas. Más que delincuentes se trata de personas que necesitan ayuda y deben ser rehabilitados.

Respecto a la rehabilitación, en nuestro país, y en otros, ha habido experiencias de trabajos rigurosos en este campo, siendo absurda la conclusión de que se trata de una patología incurable. En algunos países europeos los estudios refieren que aproximadamente el 30% de agresores sexuales son menores de 18 años y con este grupo de trabajo hay excelentes experiencias de rehabilitación, con posibilidades de recaídas entre el 8 y 12%, dependiendo del estudio. Es verdad que con adultos no se dan los mismos resultados, pero éste será el reto para las ciencias, para la salud y el comportamiento humano. De no ser así, ¿para qué el conocimiento?

Sería interesante promover un trabajo a nivel académico, incluso para que las autoridades, entre ellas el Fiscal General de la Nación y los funcionarios de Bienestar familiar, puedan estar mejor informados y no se cometan más injusticias. Igualmente, convendría que los medios de comunicación adopten una posición menos amarillista. Estamos saturados de despertar cada día con esta noticia, que incluso en muchas ocasiones no pasan de sospechas de abuso que luego se establece que eran falsas. ¿Cómo devolvemos el buen nombre a las personas y más tratándose de esta acusación? Hay una larga tarea, enhorabuena ustedes puedan comprometerse en ello.

Adriana Arcila Rivera.

Médica Terapeuta Sexual.

Medellín.

 

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