Por: Nicholas D. Kristof

No las respetan

A continuación un acertijo: ¿por qué sería más letal un huracán Alexandra que un idéntico huracán Alexander?

Porque las mujeres no son respetadas. Ni siquiera tifones de 160 kilómetros por hora, si son catalogados con nombres femeninos.

Los investigadores descubren que los huracanes con nombres de mujer matan aproximadamente el doble de personas que huracanes similares con nombres de varón, ya que algunas personas los subestiman. Los estadounidenses prevén que los huracanes “varoniles” sean violentos y letales, pero confunden a los huracanes “femeninos” por considerarlos delicados o débiles y no toman precauciones adecuadas.

El estudio, publicado en los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, puso de relieve el grado hasta el cual prejuicios inconscientes moldean nuestra conducta, incluso cuando nos estamos al tanto de ellos.

Los investigadores estudiaron los huracanes más destructivos entre 1950 y 2012, excluyendo un par de casos inusuales, como Katrina en 2005. Descubrieron que las tormentas con nombres de mujer mataron en promedio a 45 personas, en tanto huracanes similares con nombres de hombre mataron aproximadamente la mitad de ese número.

Los autores del estudio, Kiju Jung y otros en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y la Universidad Estatal de Arizona, también condujeron experimentos pidiéndole a la gente que pronosticara la intensidad y el grado de riesgo de un huracán. Cuando les preguntaban sobre un huracán con nombre masculino, como Alexander, la gente pronosticaba una tormenta más violenta que cuando les preguntaban sobre un huracán con nombre femenino, como Alexandra.

De manera similar, los sujetos de la investigación estuvieron más dispuestos a evacuar para evitar al huracán Víctor que cuando se trataba del huracán Victoria. Mientras más masculino el nombre, más respeto generaba el huracán. Los investigadores estimaron que cambiarle el nombre a un huracán de Charley a Eloise casi podía triplicar el número de muertes.

Las mujeres tienen las mismas probabilidades que los hombres de faltarles el respeto a huracanes femeninos.

A menudo damos por hecho que el racismo y el sexismo son principalmente sobre intolerantes descarados o misóginos, pero la investigación en las últimas dos décadas —coronada por este estudio de huracanes— demuestra que el mayor problema es el prejuicio inconsciente, incluso entre personas bienintencionadas y educadas que acogen principios de igualdad.

Esto incide sobre los candidatos por los que votamos, los empleados que contratamos, la gente con la que hacemos negocios. Sospecho que el prejuicio inconsciente ha sido un factor mucho mayor para el presidente Barack Obama que el racismo abierto, y también será un reto para Hillary Rodham Clinton si se postula pare presidenta de nuevo.

“Es un error dar por hecho que la parcialidad de género es sólo sobre misóginos”, dijo Susan Fiske, catedrática de psicología en la Universidad de Princeton y editora del estudio de huracanes. “Buena parte del prejuicio de género es más automático, ambiguo y ambivalente de lo que la gente típicamente supone”.

“El prejuicio de género no tiene mucho que ver con ‘las odio, las odio’”, agregó. “Buena parte es sobre ‘yo las valoro porque son buenas, incluso si son incompetentes y requieren de protección’”.

Investigadores de Yale se pusieron en contacto con profesores de ciencia en prominentes universidades de investigación y les pidieron que evaluaran una solicitud de un (mítico) recién graduado para un puesto en un laboratorio. Los profesores recibieron una hoja de vida de una página del candidato, que en algunas versiones era John y en otras Jennifer.

En una escala de 1 al 7, siendo 7 el más alto, los profesores calificaron a John con un promedio de cuatro puntos, en tanto a Jennifer con 3,3 puntos. En promedio, los profesores sugirieron un salario para Jennifer de US$26.508 y de US$30.328 para John. Los profesores estaban más dispuestos a ser mentores de John que de Jennifer.

Las evaluaciones de los profesores no se relacionaban con su propia edad o sexo.

Otros estudios han alcanzado conclusiones similares, a menudo enviando currículos idénticos para aspirantes a empleos, algunos con un nombre de mujer y otros con nombre de hombre. Les va mejor a las versiones masculinas.

Por ejemplo, los evaluadores valoran el currículum vitae de “Brian Miller” como una persona más fuerte que el de una idéntica “Karen Miller”. Estudiantes de la facultad de negocios de Stanford que leyeron sobre “Heidi” la califican como una persona más hambrienta de poder y de promoverse a sí misma que aquéllos que leyeron sobre un “Howard” por lo demás idéntico.

Si bien prácticamente todos los electores en estos tiempos dicen que votarían por una mujer calificada para presidenta (solo 30 por ciento lo hizo en 1930), experimentos de Cecilia Hyunjong Mo de la Universidad de Vanderbilt sugieren que en la práctica la gente favorece a los candidatos del sexo masculino porque asocian al hombre con liderazgo.

Mo descubrió que cuando a las personas les piden que formen pares de imágenes, no tienen problema alguno para hacerlo con nombres masculinos y palabras como “presidente” o “gobernador”. Sin embargo, algunas personas tienen dificultades para hacerlo tan rápidamente con nombres de mujer, y es más probable que esas personas voten por candidatos del sexo masculino.

“Todo parece indicar que hay una brecha entre nuestros ideales conscientes de igualdad y nuestra tendencia inconsciente a discriminar en las urnas”, escribe Mo.

Sospecho que prejuicios inconscientes moldean todo, desde la discriminación salarial hasta la despreocupada forma en que muchas universidades manejan casos de violación. Además, éstos también contribuyen a explicar por qué apenas 4,8% de los CEO con mayores ingresos en la revista Fortune 500 y 18,5% de los miembros del Congreso estadounidense son mujeres.

Este profundo prejuicio es tan elusivo como pernicioso, pero un punto de partida es enfrentarlo y hablarlo. Quizá los huracanes, sorprendiéndonos afuera, puedan ayudarnos a enfrentar nuestro propio chovinismo.

 

* Póngase en contacto con Kristof en Facebook.com/Kristof, Twitter.com/NickKristof o por correo postal escribiendo a The New York Times, 620 Eighth Ave., New York, NY 10018. 

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