Por: Columna del lector

No más cleptocracia, no más corrupción

Por Rodrigo Urrego Álvarez *

No es la falta del capital o de recursos la que mantiene pobres a los países. Veamos, en los últimos 60 años se han invertido en el conteniente africano miles de millones de dólares, ¿dónde están los resultados? No lo sabemos. Todo ese dinero ha tenido muy poco impacto en el nivel de vida de sus habitantes. Países como Venezuela o Irak son ricos en petróleo, pero en promedio sus ciudadanos son pobres y emigran del país. Mientras que países sin recursos naturales, como Singapur o Corea del Sur, son ricos.

“Los países pobres son pobres no porque carezcan de recursos, sino porque carecen de instituciones políticas efectivas”. Es la conclusión del politólogo Francis Fukuyama en su libro “Origins of Political Order”. Lo cual es un diagnóstico bastante acertado para el caso colombiano, donde tenemos una institucionalidad débil y la visión de gobierno de muchos de los políticos es la cleptocracia: quien llega al poder lo usa para enriquecer a su familia y a los de su grupo. Señas de que todavía como país no hemos escapado del tribalismo propio de nuestros ancestros, lo cual es incompatible con una visión de Estado moderno.

A la misma conclusión se llega en el libro “Why Nations Fail”, de los profesores Daron Acemoglu, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y James Robinson, de la Universidad de Harvard. Su tesis es que hay países con instituciones malas (extractivas) y buenas (inclusivas). Las extractivas son aquellas en las que una pequeña élite usurpa todo lo que puede de los recursos productivos de una sociedad, lo acaparan casi todo, igual a lo que se vive en Venezuela y, por qué no, en cierta medida en Colombia. Mucha parte de nuestra corrupta clase dirigente se ha estado robando el país; lo vemos en sonados casos de corrupción como el de Odebrecht, el cártel de la hemofilia, del sida, de las regalías, de la toga, fraude a Colpensiones, el desfalco a Ecopetrol y la lista es interminable. Nuestros altos niveles de corrupción hacen que el país se mantenga como una de las naciones más desiguales de América Latina, reflejo de la carencia de instituciones económicas y políticas fuertes para adelantar los cambios necesarios.

Por el contrario, las instituciones buenas, inclusivas, son aquellas en las que el poder político y económico se comparten ampliamente. El arquetipo de país con instituciones inclusivas es la Gran Bretaña, que se hizo una nación rica porque durante la Revolución Industrial sus ciudadanos derrotaron a las élites que controlaban el poder, generando gobiernos sensibles a los ciudadanos y donde la mayor parte de las personas podrían beneficiarse de las oportunidades económicas. Una lista de los 30 países más ricos en la actualidad incluiría a Gran Bretaña y a los países a los que la Revolución Industrial se extendió rápidamente: Europa Occidental y las colonias británicas de los Estados Unidos, Canadá y Australia.

Entonces, ¿cuál es la razón de la desigualdad económica entre los países? ¿Por qué Colombia es un país subdesarrollado? La respuesta es bastante sencilla. “¡Es la política, estúpido!”. Como lo sintetizó Dani Rodrick, de Harvard, al leer el libro de Acemoglu y Robinson. Por ende, el próximo presidente del país tiene una tarea mayor, el fortalecimiento de nuestras instituciones para dejar atrás la cleptocracia, la descarada corrupción que bloquea el desarrollo del país.

Para dejar de comportarnos como cavernícolas que invaden, roban y matan a favor del pequeño clan, el próximo presidente debe hacer una apuesta grande y a largo plazo en la educación, para que superemos, en gran medida, el tribalismo, lo que implica repudiar respetuosamente las afirmaciones dogmáticas de quienes ejercen el poder; como sociedad ya hemos sufrido mucho por cuenta de falsos profetas. Además, debemos de abrazar a la ciencia y a la tecnología, para que nos provean evidencias y poder distinguir entre lo falso y lo verdadero.

* Profesor Universidad CES.

 

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