Por: Luis Carlos Vélez

No más despedidas

Llevo haciendo lo mismo hace 15 años. Voy al aeropuerto, me despido de un ser querido que viene de visita y luego de los abrazos, llego en silencio hasta el estacionamiento, me siento en la silla del carro y paso varios minutos preguntándome si realmente vale la pena.

Igual me pasa cuando soy el que parte. Ya sentado en la silla del avión, luego de apretar el cinturón, siento nuevamente presión en el pecho y esas mismas ganas de llorar por dejar a los que quiero, a los que tienen un pedazo de mi corazón, que me acompaña hace década y media y que se niega a dejarme ir. Siempre pienso que ya se me va a quitar, que me voy a acostumbrar. Trato de racionalizar la situación para acallar mi corazón, pero nada, nada cambia y eso que llevo 15 años, aunque interrumpidos, en este mismo ejercicio.

Soy un inmigrante por elección. Gracias a Dios y a la vida no me vi forzado a dejar mi país. Me he ido tres veces de Colombia buscando opciones que han sido y son maravillosas. Sin embargo, separarse duele y duele mucho. Por eso no puedo dejar de pensar en aquellos que no tienen opción y se van de sus hogares forzados por la violencia, espantados por la muerte, ahuyentados por la escasez o arrinconados por regímenes que quieren quedarse con todo.

Por estos días el mundo está viendo una de las migraciones más penosas y mortales de su historia reciente. Estamos siendo testigos de como millones de africanos lo dejan todo por un mejor futuro y miles mueren en el intento.

Según las autoridades, en lo que va corrido de este año, por lo menos 1.700 personas han perdido la vida tragadas por el mar intentando llegar a Europa desde Libia. Casi 100 veces más de lo que se registró durante el mismo período el año pasado. Familias enteras que dicen adiós para siempre y que incluso se enfrentan a la posibilidad de morir solo por la posibilidad de un mañana mejor. Padres, madres e hijos que dejan su comida, sus costumbres, su idioma, su casa, su arraigo por la apuesta a una tierra que esperan les ofrezca más y mejores oportunidades.

En Colombia no somos ajenos a este fenómeno. Son más de 5 millones de desplazados por el conflicto interno desde 1997 y mas de 327.000 los colombianos que han tenido que cruzar las fronteras para escaparle a la muerte. Todas historias de dolor y desprendimiento. Relatos de añoranza y nostalgia. De dolor y despedidas.

Este planeta tan conectado y cada vez más millonario debe hacer un esfuerzo más grande para proteger a aquellos que lo dejan todo por obligación. Europa no se puede quedar sentada esperando a ver como seguramente saltará el número de inmigrantes y también de muertos en el océano, una vez se empiecen a calentar las aguas del mar durante el verano, sin tomar medidas en conjunto para acoger los migrantes y atacar la violencia, el hambre y el terrorismo que origina el éxodo. También en Colombia debe llegar el momento de decir no más. De marcarle los tiempos a la organización terrorista que más desplazamientos internos ha provocado en el planeta y esa son las Farc.

Sigo sentado en el carro tras despedir a mis familiares. Miro al costado y veo a una pareja de jóvenes venezolanos. Ella llora, él la consuela y no puedo dejar de pensar que ellos, como los de Colombia y África, también son migrantes por obligación.

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