No me callaré, no me autocensuraré

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Agradezco a la Dirección de El Espectador su gallardía de editar, antes de publicarla, los términos denigrantes de una comunicación con que quería insultarme el “abogado, escritor, cantante” y defensor judicial de Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, Marta Lucía Ramírez y Carlos Holmes Trujillo, exjefes de Estado, actual vicepresidenta de la República y ministro de Defensa del gobierno Duque, respectivamente. Estos personajes del régimen, con todo y que representan la denominada “majestad del Estado”, no parecen preocupados por tener un defensor que también lo ha sido de narcos, paramilitares o defraudadores de este mismo país. Allá ellos. El individuo, revestido con diploma de experto en derecho, exige en su carta que rectifique los hechos descritos en mi columna anterior (ver) pues, según su elegante redacción, “vomité” mentiras. Llamándome “señora Tascón”, tal como lo hiciera el ex fiscal general de la Nación Néstor Humberto Martínez quien intentaba, igual que este sujeto, ofenderme con la anticuada táctica de ignorar mi apellido paterno como si el materno no me enorgulleciera, el firmante no encontró de qué acusarme, salvo cuando me calificó de “militante política con retorcida ideología”. Poca cosa: hasta donde me da el entendimiento, las democracias garantizan el derecho de tomar partido por unas ideas y expresarlas sin sufrir persecución, señalamiento o castigo.

Pero la perorata vacía con que intenta amedrentarme el abogado, escritor y cantante no me distrae, ni a los lectores, del foco de su temor: el que le infunden mis relatos sobre las descripciones que han hecho sobre él dos antiguos delincuentes que lo conocieron en circunstancias específicas, y un alto exfuncionario del propio gobierno de su cliente Álvaro Uribe. Como en la pasada columna no tuve espacio para transcribir las frases de los primeros declarantes, las consigno aquí para su ilustración. Alias el Tuso Sierra, quien pagó condena en Estados Unidos por narcotraficar, y quien quiso ser beneficiado con el acuerdo de sometimiento paramilitar del gobierno Uribe, dijo en declaración judicial, en la prisión de Quantico, Virginia, a un magistrado de la Corte Suprema, en junio de 2010 (Radicado 26625): “¡Pero es que Abelardo es un bandido! Yo le cuento esta: nosotros en Itagüí —y esto le puede decir Mancuso si miento—, ... resulta que hubo una tutela que puso un hombre... del grupo de (alias) el Alemán, que para (que se calificara el delito de concierto para delinquir como) sedición... Ese hombre nos pidió $4.000 millones de pesos que porque ya tenía eso ‘cuadrado’ en la Corte Constitucional... $4.000 millones que valía la ‘tocada’ de los magistrados... Esa prueba, esa prueba escrita, la contabilidad de eso, yo la aporté aquí en Estados Unidos. Aquí la tienen”. El Tuso también aseguró que le pagó otra suma a la misma persona, a cambio de que esta lograra que el narco fuera cobijado por la ley de Justicia y Paz: “Que porque yo no era un paramilitar sino un narco... él me pidió un millón de dólares porque me decía que la mitad era para Sabas, y que tenía que ser en efectivo... porque no la recibía en nada (más), porque él me ayudaba era con Sabas Pretelt de la Vega (ministro del Interior)” (ver).

José Rafael Abello, conocido en el ámbito del narcotráfico como Mono Abello, tuvo un fuerte enfrentamiento verbal con quien fue su apoderado, en una entrevista en W Radio, en febrero de 2018: “... te has vuelto un bandido... eres un bandido... el abogado más delincuente que tiene Colombia...” (ver).

Aduce el reclamante de mi columna pasada que el Tuso Sierra se retractó de lo que dijo en su contra, y que el Mono Abello fue denunciado por él. Una cosa es decir y otra demostrar. No obstante, el energúmeno individuo omite, por completo, referirse a las alusiones de Luis Carlos Restrepo, alto comisionado de Paz del presidente Álvaro Uribe Vélez, quien, entre otras frases, pronunció esta: “... entendí que (el abogado) era como un mensajero de ellos (de los paramilitares reunidos en Ralito)... Me dicen que le llevaba mensajes (de los paras) a Sabas Pretelt. No sé. Siempre fui crítico con Sabas para que no estableciera contactos paralelos” (ver). ¿Por qué ignora esta parte de mi columna? Memoria selectiva suele llamarse el mecanismo psicológico de quien sabe que la realidad completa puede dar resultados contrarios a los deseados. Les informo de una vez a ustedes, los lectores: no rectificaré. No me callaré. No me autocensuraré por la tenaza judicial que este abogado, escritor y cantante de extraño plumaje ha tendido sobre los periodistas que ejercemos el derecho de informar y opinar.

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