No menos, sino más y mejor política

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La crisis de la política y de la democracia no es un problema reciente ni son pocos los países que lo enfrentan. Al respecto, hace ya cerca de 25 años, Ludolfo Paramio, sociólogo, periodista y político español, escribió en un ensayo titulado “La crisis de la política y su refundación democrática” lo siguiente: “La crisis de la política a la que estamos asistiendo no supone, necesariamente, un salto cualitativo hacia una mejor democracia”. El problema, según el autor, se debe principalmente a la falta de confianza de los ciudadanos en la política y en los partidos. Por esta razón, escribió que “en las actuales circunstancias, la buena marcha de la democracia y la eficacia de la vida política dependen, fundamentalmente, de los partidos, de unas colectividades más permeables para adaptarse a la realidad de una participación política más localizada, centrada más en canalizar esas demandas atomizadas y difusas, en programas generales de gobierno con credibilidad mayoritaria” (Crisis política, impunidad y pobreza en Colombia, Corporación Viva la Ciudadanía).

Colombia no ha sido ni es ajena a esta situación. Sin embargo, contrario a lo que algunos pregonan, no es con menos, sino con más y mejor política como se puede recuperar la confianza de los ciudadanos en esta y en las instituciones en las que se ejerce. Los que pretenden obtener votos y ganar adeptos o promover candidatos con el discurso de la antipolítica solo están abonando la crisis de la política y de los partidos, y engañando a los ciudadanos. Una cosa es proponer formas novedosas e innovadoras de hacer política, y otra muy diferente es seguirla haciendo con los métodos tradicionales y en alianza con políticos que los han utilizado para acceder al poder, pero a la vez pretendiendo vender la imagen de ser antipolítico. Este discurso se nutre precisamente del desprestigio de la política y de la clase política tradicional, no contribuye a recuperar la credibilidad y la confianza ni mucho menos a solucionar los problemas que aquejan a la democracia.

Para evitar que la crisis de la democracia y de los partidos políticos se siga ahondando y la desconfianza ciudadana se incremente, es importante renunciar a posiciones extremas —que por lo general resultan irreconciliables— y comprometerse a construir colectivamente una agenda social, política y económica que convoque y represente a diferentes sectores que estén abiertos a escuchar al otro y llegar a acuerdos sobre temas fundamentales, aun si esto implica hacer algunas concesiones. Y, sobre todo, dejar atrás protagonismos que impidan llegar a consensos programáticos y sobre los mecanismos para tomar decisiones.

Esto requiere liderazgos renovados y renovadores que promuevan cambios en la forma de hacer política y reformas a los partidos políticos y al Congreso, que estén dispuestos a hacer más representativo, equitativo y transparente el sistema electoral, a no interferir en el funcionamiento del sistema de pesos y contrapesos, respetar las reglas de juego del Estado de derecho y garantizar que los compromisos que el Estado colombiano ha adquirido con actores y sectores nacionales e internacionales se respeten y se cumplan, comenzando por el Acuerdo de Paz.

A escasos dos años de las elecciones parlamentarias y presidenciales del 2022, el tiempo no da espera.

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