Por: Daniel Pacheco

No, no, no y no

Como “una erupción casi volcánica” describe Gonzalo Sánchez el súbito y violento surgimiento del movimiento para disputar la verdad de hechos históricos lejanos y recientes. En una entrevista con Pacifista, Sánchez, director del Centro de Memoria Histórica, acepta explícitamente, cándidamente, que el trabajo de la Comisión, en lo que tiene que ver con lograr un acuerdo básico en la sociedad colombiana sobre lo que pasó alrededor de la violencia, ha fracasado. Ha fracasado rotundamente, volcánicamente, tristemente.

Y no es por culpa de la Comisión, tampoco es por culpa de María Fernanda Cabal: a estos fracasos colectivos solo les caben culpas colectivas. De hecho, en el tortuoso camino que falta para lograr un acuerdo básico de este tipo, los más de 50 documentos que ha elaborado esta Comisión sobre los horrores de la guerra en Colombia seguro serán claves. Pero para eso, habrá que esperar.

¿Esperar cuánto? Parece optimista pensar que este es un desacuerdo coyuntural. Que es un problema de la desafortunada coincidencia entre el calendario electoral y la firma del acuerdo con las Farc. Un optimismo basado en cierta trivialización de lo profundo que es ese desacuerdo. Una desavenencia reducida, por ejemplo, a los intereses electorales del Centro Democrático, un partido que se la jugó por la oposición de los acuerdos, por un lado, y a los intereses electorales de gente como, digamos, Humberto de la Calle, que fue el jefe negociador de esos acuerdos y ahora quiere ser presidente, por otro lado.

Creo desafortunadamente que cuando las elecciones pasen, cuando la coyuntura amaine, el negacionismo volcánico al que se refiere Sánchez seguirá ahí, y seguirá siendo un problema enorme a enfrentar, una herida enorme a curar (¡adicional a las heridas más literales de las victimas!). Y la tentación, como lo es ahora, a gritar “estudien, vagos” seguirá siendo inmensa desde ambas orillas. Especialmente, lo pueden imaginar desde ya, con un senador Uribe y un senador (Iván) Márquez simultáneamente en la política.

¿Entonces qué hacer mientras tanto? Ni idea. Habrá que escuchar propuestas que, de nuevo, no estén basadas en la humillación del otro, en la reafirmación de la verdad frente a la mentira. En ese sentido, volviendo a Gonzalo Sánchez si lo interpreto bien, la memoria histórica no es la historia verdadera, sino el acuerdo de lo que pasó que todos acordamos aceptar.

Pero los riesgos de que pase el tiempo y sigamos discutiendo si la masacre de las bananeras fue un abuso de fuerza por parte del ejército o una reacción legítima a una marcha infiltrada por los bolcheviques, si los falsos positivos existieron como política sistemática, si algunos empresarios y sectores sociales fueron parte activa de “todas las formas de lucha” de guerrilleros y paramilitares, esos riesgos son al menos tres y son serios.

El mayor se explica casi solo, y es que seguiremos discutiendo el pasado y eso hará más difícil tener las discusiones importantes sobre el futuro. Segundo, está el riesgo de ser incapaces de garantizar una estabilidad por la reacción mutua de querer destruir lo que otros han construido en medio de ese desacuerdo. Finalmente, el riesgo vital, qué cansancio y qué peligro vivir en el país del “no” permanente al otro, del no al conciudadano, del no sin acuerdo ni siquiera alrededor de la no violencia.

@danielpacheco

 

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