Por: Mario Morales

No, no y no

No, no puede ser que además de ser receptores de los deplorables contenidos del prime televisivo, ahora resultemos también como culpables, so pretexto del rating, del peor momento creativo y ético que vive la pantalla en su historia reciente. Ni siquiera es un problema de géneros. Ha habido realities de buena factura. Que haya ciudadanos en masa que vean la transgresión de los límites que viene haciendo, y en aumento, Protagonistas de nuestra Tele, habla de experiencias comprobadas: que el televidente ve lo que le pongan y que es escasa la oferta de contenidos para la gran mayoría de colombianos que no tienen acceso a TV por suscripción.

Claro que las audiencias tienen su cuota, pero se trata de una mesa de cuatro patas. La responsabilidad primera es de productores y operadores. La perversión narrativa de PDNT ha podido evitarse si existiera autorregulación, sacrificada por el desespero de perder la primacía en el rating. Su apuesta fue lo masivo, aún si para ello tenía que traicionar el tácito pacto moral con sus espectadores. En eso, RCN se parece a su reality, donde todo vale. Lamentable legitimación de un imaginario que cunde en los restantes ámbitos nacionales.

La televisión es emoción, pero no es lícito ni ético aprovecharse de ellas o exacerbarlas en concursantes y audiencias. Privilegiar el relato de personajes detonantes y polémicos contribuye a la estigmatización, la exclusión y la homofobia, como en el citado reality. El fin no justifica “el medio”. Hay una enorme diferencia entre miserabilismo y entretenimiento. No se trata de un programa periodístico. La edición de escenas vergonzantes era necesaria. Como era necesario castigar por igual a quienes hicieron trampa en el reality del Desafío de Caracol.

Tiene responsabilidad el Gobierno y su delegada, la Autoridad Nacional de Televisión, ese remedo de control, vigilancia y regulación. Vendrán sanciones pecuniarias ínfimas frente a las exorbitantes ganancias del programa. No tienen dientes, no tienen norte.

Tienen responsabilidad las veedurías, asociaciones y la academia que deben acelerar la formación de audiencias críticas. Y en cuarta instancia tienen responsabilidad los telespectadores que van a aprendiendo, a las malas, que si no hay opciones televisivas, existe el off en el control remoto como señal de protesta e indignación. También de bajas pasiones estamos hechos en este país, pero legitimar esos comportamientos con este tipo de contenidos, es seguirle apostando al todo vale, a la polarización, a la política del odio y al no futuro.

@marioemorales

 

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