Por: Antieditorial

No normalicemos recibir plata en Colombia

Por Andrés Felipe Giraldo López

El editorial de El Espectador nos invita a mirar con desconfianza y sospecha el acto de que un político reciba plata en fajos de billetes. Ese mero acto, de acuerdo con el editorial, por sí solo debería generar “inquietud”, citando las palabras de Ángela María Robledo.

Parece que en un país como Colombia, en donde para el DANE una familia deja de ser pobre si recibe más de $250.620 mensuales, que serían si mucho cuatro o cinco billetes de esos fajos, el hecho de ver plata a borbotones en manos de un político es de por sí algo extraño y digno de ser investigado. ¿No se debería investigar mejor cuáles son los criterios del DANE para suponer que una familia podría si quiera sobrevivir con una miseria de $250.000 mensuales?

Parece, además, que en Colombia le cogimos pánico a la plata en efectivo. Y no es un pánico infundado. Desde la década de los 70, los narcotraficantes nos mostraron que eso de andar con fajos de billetes es de mafiosos. Parece que se nos olvidó que en las plazas de mercado los abuelos iban con el dinero en la mano y lo que no les cabía en la mano lo echaban en pequeños maletines así, en fajos. Y no eran mafiosos.

En Colombia nos volvimos tan mentalmente pobres que ver fajos de billetes es síntoma de que algo raro está pasando. Si esos billetes se ven en manos de un político, es un signo inequívoco de corrupción. Y si ese político es de izquierda es porque la izquierda “no está en ningún pedestal moral”, como dijo la senadora Paloma Valencia, al mostrar el video de Gustavo Petro recibiendo esos fajos y metiéndolos a una bolsa como cualquier mafioso. Porque en los mafiosos eso sí está bien visto. En los políticos de izquierda es un verdadero asco.

Lo único que quiso decir Paloma Valencia es que la izquierda está tan podrida como la derecha. Vaya consuelo y qué confesión tan descarada. Aún más, en un debate en el que se estaba estableciendo qué tan corrupto es el fiscal general de la Nación, en donde el Centro Democrático asumió su defensa, que más pareció un encubrimiento a partir de un escándalo que nada tenía que ver en ese contexto.

Lo que más deprime de todo este cuadro es este editorial. Ahora El Espectador se sube en su propio pedestal moral para decirnos que no podemos normalizar el hecho de recibir dinero. Mientras tanto, normalizamos todos los días el asesinato de líderes sociales, la corrupción del establecimiento, la desigualdad social, la discriminación sexual, los feminicidios y muchas cosas más. ¿En serio les preocupa que se “normalice” que un político reciba plata para una campaña política? Señores de El Espectador: eso es lo normal. Si hay algo ilegal en esa conducta, no duden en proceder con espada de hierro. Mientras tanto, dejen de ser idiotas útiles de quiénes quieren desviar la atención de un asunto esencial: el fiscal.

 

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