Por: Tola y Maruja

NO NOS CONSTA

—Oites Tola, no hablemos de política ni de noticias ni de nada… Hablemos del Amor y la Amistá.

—Lo bueno es que como ya no hay “chuzadas”, podemos volver a jugar tranquilamente al Amigo secreto.

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—Ve Tola, ¿vos todavía sentís amor por tu marido Ananías o ya son amigos solamente?

—Qué va, apenas nos distinguimos… Él me ha propuesto que nos tratemos como amigos, pero yo me da pensión que me pida plata prestada.

—Perucho el mío hace rato me trata como a una amiga… Y no me choca, pero se está pasando: antier me dijo que si lo acompañaba a ver estritís.

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—El amor es una cosa muy fregada, vos Maruja… Como dicen por ahí: es eterno mientras dura… Todas las historias románticas famosas han perdurado poquito: Tristán e Isolda, Abelardo y Eloísa, Romeo y Julieta…

—La más triste es la de Romeo y Julieta, ¿cierto Tola?

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—Puu… Julieta era una muchacha muy bonita que llegó a ser reina de Verona y le dio por enamorarse del vergajo Romeo, hijo de una de las familias más prestantes de la costa.

—Ve Tola, ¿y los costeños italianos son como los de aquí?

 

—Igualitos: también la “cogen suave”, la única diferencia es que oyen la música más pasito que nuestros corronchos… Y resulta que Romeo le propuso a Julieta que si le firmaba unos papeles pa conseguir un susidio de Agro Ingreso Seguro, y la muy tragada se los firmó y ¡zuáquete!, la empapelaron… Y la belleza de Romeo declaró contra ella.

 

—Ole Tola, yo siempre he tenido curiosidá de saber cómo enamoraste vos a Ananías… Porque te digo honradamente que me parecés muy guapa que sin atributos físicos y más sin embargo lo conquistates. Me quito el sombrero.

—Eso mismo me pregunto yo de vos… Te miro y pienso: Eh, no siamos tan pendejos, ¿Maruja con cuánto le untaría la mano a Cupido pa que le flechara a Perucho?

—En cambio yo me imagino a Cupido mirándote a vos al lado de Ananías y pensando: No, no puedo hacerle este mal a este buen hombre…

 

—Hasta eso mija que Ananías me rogó y me suplicó que le diera la arrimada pero él a mí no me gustaba por borracho… Era de los que decía, cuando se largaba a llover: No falta sino el aguardiente porque ya está cayendo el pasante.

—Pero tenías que entenderlo, Tola: bebía pa verte bonita… O pa olvidar que estaba al lado tuyo.

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—Yo no entiendo vos Maruja por qué los hombres pierden el romanticismo al otro día de casaos… Yo le decía: Ananías, salgamos al patio que hay estrellas… Y el asqueroso me contestaba: salga usté y me cuenta.

—Perucho también cuando novio era una cajita de música y hasta me recitaba poesías.

—Muy berriondito inspirarse delante tuyo, porque tu cara tupe a Bécquer… Mejor dicho, Maruja: vos le tumbás la inspiración a José Luis Perales.

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—Eran muy distintos los noviazgos de antes: el novio hacía la visita por la reja de la ventana, después se ganaba el derecho a pararse en el quicio de la puerta, y por último, cuando lograba la simpatía de los suegros, lo dejaban sentarse en la sala.

—Y esa visita era delante de alguna hermana mayor o persona adulta, que hacía de “candelera”.

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—Qué inocencia… A mí Perucho me vino a agarrar la mano como a los ocho meses de casaos, que me pilló esculcándole los bolsillos…

—Y a mí Ananías me vino a besar en la boca al mes de casaos, y eso porque me conseguí un pintalabios con sabor a salchichón cervecero…

—Qué tiempos tan sanos… Ver hoy en día que los muchachos pegan unas chupadas de piña que hasta se chuzan las almildalas con los tales pircis.

—Ay Tola, no hay como la amistá, que no hay que estarla demostrando...

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