Por: Tola y Maruja

.No nos consta

— Oites Tola, ¿vos por qué estás de gabardina, peluca y gafas de espejo?

— ¡Chito!… Hablá pasito, Maruja… Y tené ponete esta pava y estas gafas.

— Pero Tola, ¿cuál es la cosa? ¿Pa dónde vamos?

— Necesito que me ayudés a seguir a mi marido Ananías a ver con quién se encuentra.

—No me digás que tu marido tiene moza.

— Es mejor prevenir… ¿Vites la noticia del Juez que partió la pensión de un marido entre la esposa y la moza? ¡Eh!, las chácaras… Yo no voy a dejar que una sinvergüenza me quite media mesada de Ananías.

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— Pues yo te acompaño con mucho gusto, Tola… Pero no sé, me da cosa ponerme estas gafas con nariz pegada y bigote de Grucho Marx.

— ¡Miralo! Ahí está saliendo el vergajo de Ananías… Pongámonos en órbita.

— No Tola, tu marido no va pa donde ninguna moza… Un “tinieblo” no sale tan desgualetado… Es que mirale esa camisa tan mariada: se ve que tiene más lavadas que un dólar… Y esos zapatos, que donde se los vea el Tuerto López les dedica un poema.

— Lo maluco va a ser seguirlo en Trasmileño.

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— No Tola, no fregués… Me voy a quitar esta berrionda nariz de Grucho… Todo el bus me está mirando y se secretean.

— No abortés el operativo por esa carajada… Dejá la cismatiquería.

— ¡Ay Tola!, Ananías también está mirando… Va a reconocer el paraguas.

— Despensionate que él ya no ve ni por la familia… Ve más el Procurador.

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— Verdá Tola, ¿cuál es el merequetengue con el dotor Maya?

— Parece que un hermano apoyaba a los paracos…

— Yo mantengo una espinita que me dejó la unanimidá del Congreso cuando reeligieron al Procurador: de esa unanimidá tan buena no dan tanta.

— Yo de por sí desconfío de los hombres que se tiñen.

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— Pilas Tola que tu marido se está alistando pa bajase.

— ¡Virgen del Carmen! Ahora verá las briegas pa salir con este genterío de gente… Empujame Maruja.

— Uy, casi no salimos… Este Transmilleno tiene la ventaja que uno ahorra gimnasio: yo cada que monto rebajo peso.

— Movete que Ananías ya salió de la estación.

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— Mirá Tola ese señor tan parecido al congresista paisa que cogieron por parapolítico.

— ¿A cuál de todos?

— Al que dijo que iba a tomar la cárcel como unas vacaciones.

— Pero le va a saber a leche de perra esa declaración, porque ya la Corte dijo que lo van a condenar a cuatro mil días tres mil novecientas noventa y nueve noches, ocupación triple y desayuno americano.

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— Los que están muy preocupados son los congresistas que todavía quedan en el Capitolio porque han notado movimientos muy raros: están poniendo rejas alrededor, están construyendo garitas y ya les dijeron que los domingos tienen derecho a visita conyugal.

— Menos mal ya tienen el túnel, embaldosado y todo.

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— Eh ave, Tola… Ananías sí es más despacioso que nosotras.

— Pobrecito… Camina muy pachocho porque está fregado de los pies… Yo de Día del Padre le pienso regalar la arreglada de los zapatos: que le hagan güecos pa los juanetes.

— Mirá Tola: paró en el semáforo y está conversando con una desplazada… El colmo que una desplazada te desplace a vos del corazón de tu marido.

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— Ahora entiendo por qué la belleza de Ananías últimamente raja del gobierno por el abandono a los desplazados.

— Dicen que con los poquitos bienes que han entregado los paramilitares, le tocaría a cada víctima 7 mil pesos.

— Y ya les alvirtieron a las víctimas que lleven los 3 mil pa dales un billete de 10 mil.

 

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