Por: Tola y Maruja

No nos consta-

— Oites Tola, parece mentira: este 9 de abril cumplimos 60 años de conocernos vos y yo.

— No hablés tan duro Maruja, que nos carculan la edad.

— Queliace, al fin y al cabo nosotras estábamos muy pipiolas cuando El bogotazo.

— Tampoco me parece bien que andés pregonando que nos conocimos en los saqueos.

— Me acuerdo patentico: vos estabas en una ferretería bregando a sacar un inodoro y yo te vi tan encartada que te ayudé con el tanque.

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— Ve Maruja ¿dónde te cogió la matada de Gaitán?

— Yo era copera en el bar Gato Negro, cerquita de donde el indio Gaitán tenía oficina… Jorgeliécer iba mucho, a empinar el codo con los emboladores.

— ¿Eras amiga de él?

— No mucho… Pero no por él, que era una cajita de música, sino que yo era goda y odiaba a los cachiporros, como les decíamos a los liberales. Ni me acuerdo por qué los odiaba… Tal vez porque mi taita, que era de los que orinaban azul de metileno, me lo inculcó.

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— ¿Y vos cómo vinites a templar a Bogotá?

— Pero Tola, ya te he contado esa historia ene veces…

— Es la ventaja de los que tenemos alzéimer, Maruja: que nunca nos falta tema.

— Acordate que yo vivía en mi pueblo, Cañasgordas, que estaba azotado por la violencia de los pájaros, que eran los paracos de entonces… Y en el pueblo había un Patrón de los pájaros muy matarife, que mataba por ver caer, y que se llamaba, si mal no recuerdo, don Nazi Anceno Chulavita.

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— ¿Cuántos años tenías?

— Yo estaba muy medianita… Entonces nosotros vivíamos en una finquita muy queridita, planita y atravesada por una quebrada… Y vos sabés Tola que en Antioquia una finca plana es un tesoro… Pues mija: don Nazi Anceno se enamoró de la tierrita y acusó a mi apá de ser liberal.

— ¿Pero tu papá no era conservador pues?

— Y don Nazi también… Pero don Nazi se pegó de que mi apá me dejaba salir a la calle de manga sisa…

— ¡Maruja! ¿Vos salías de manga sisa? Con razón te decían “liberal”.

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— Pero yo no lo hacía por mostrona, sino que se me enconó una vacuna… Hasta eso mija que yo era muy decente: por ejemplo siempre montaba a caballo de lado, nunca horquetiada.


— ¿Y con eso tuvo don Nazi pa desplazarlos?

— Se quedó con la finquita y nosotros pa Medellín… Y antes era más jodido ser desplazado porque ni esistían los semáforos ni minutos pa vender.

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— ¿Y por qué resultates en Bogotá?

— De aburrida… Mi familia llegó a Medellín a un barrio de invasión y nos embutimos once en una pieza; catorce con Laika, la perra… Y empezamos a peliar entre nosotros hasta que yo me estragué y decidí quitarme la vida.

— ¡Maruja! Escupí esa herejía…

— Pero me dije: eh, uno se suicida solamente una vez… Lo voy a hacer por todo lo alto… Y escogí el Salto del Tequendama. Pero cuando llegué a Bogotá, me pareció tan bonita que resolví pedir trabajo en el bar Gato Negro.

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— ¿Y te acordás de qué hablaba Gaitán?

— Jorgeliécer era un crítico muy cirirí del gobierno godo de Mariano Ospina… Gaitán era hacé de cuenta Piedá Córdoba, pero sin turbante. Gaitán le reprochaba al gobierno que patrocinara las matazones que cometían los pájaros contra los campesinos liberales.

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— Pero contame qué estabas haciendo en el momento en que mataron a Gaitán.

— Yo me estaba zafando una mano que me había puesto en la cadera el poeta León de Greiff, que era una astilla pa abejorriar meseras… Y fue cuando sonaron los disparos… Entonces yo ai mismo me paré en la puerta del bar, pa que no se me volaran los clientes… Y afuera comenzaron a gritar: ¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán!

— Viene el bus… Ahora me seguís contando.

*Tola y Maruja siguen con su presentación en vivo en el Teatro Nacional de la calle 71.

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