Por: Mauricio Botero Caicedo

No por Lula… sino por Hugo y Rafael

UNA DE LAS MAYORES SORPRESAS del continente ha sido el presidente del Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva. Con una popularidad del 84%, aún por encima de aquella de Álvaro Uribe, Lula ha logrado convertir al Brasil en la estrella de los países emergentes.

El mandatario brasileño ha logrado sus objetivos no con base en argucias y malabarismos como aumentar la deuda externa o devaluar la moneda, sino en insistir que la prudencia macroeconómica es el mayor atractivo para atraer inversión nacional y extranjera, piedra angular del crecimiento económico y de la formación de capital. En los últimos seis años, el gobierno de Lula ha logrado incorporar 20 millones de brasileños en la clase media (sacándolos de la pobreza, algunos de ellos de la miseria), proveyendo simultáneamente energía eléctrica y agua potable a 10 millones de nuevos hogares. Cuando Lula llegó al poder, la deuda externa era el 55% del PIB: hoy es el 35%. La inflación estaba en el 12%, hoy es el 4,5%. En los últimos seis años el país ha multiplicado por cuatro sus exportaciones y quintuplicado sus reservas internacionales.

En Ecuador y Venezuela, por el contrario, donde reinan ese par de badulaques, Rafael Correa y Hugo Chávez, prácticamente todos los índices económicos son negativos. La inflación en Venezuela, acercándose al 30%, es la más alta del continente y la inversión extranjera en ambos países ha disminuido a prácticamente cero. Ni Venezuela ni Ecuador han logrado modificar su precaria dependencia de un solo producto como el petróleo. Chávez, con una falta de previsión que bordea la estulticia, ha permitido que las refinerías en Venezuela estén operando a mínima capacidad por falta de mantenimiento y de repuestos, a tal nivel que el país está importando gasolina y otros derivados del petróleo.

En resumen, los orígenes sindicalistas y socialistas de Lula no han sido óbice para que en Brasil se consolide un régimen de capitalismo democrático, donde florece la libre empresa, mientras que Chávez y su correveidile, Correa, han y siguen intentando (con resultados funestos) implantar aquel extravagante adefesio autodenominado socialismo del siglo XXI.

Lo que es poco comprensible es la razón por la cual la presidenta de Argentina, Cristina de Kirchner, decidió seguir el ejemplo de Chávez y Correa en vez de el de Lula, no obstante el evidente éxito de las políticas de Lula y el manifiesto fracaso de las de Chávez y Correa. La argentina, cuya mollera e independencia están en entredicho, en lo económico ha adelantado políticas deplorables, como los impuestos abusivos y confiscatorios a las exportaciones agropecuarias, la nacionalización de los fondos de pensiones y el desbordamiento del gasto público. En medio de la crisis financiera internacional, los Kirchners han perdido toda capacidad de maniobra contracíclica para enfrentar las bajas en los precios de los productos básicos, commodities.

En el epicentro de una profunda recesión (y con una popularidad que ha bajado, del 56% cuando asumió la presidencia en diciembre de 2007, al 30% hoy en día), el matrimonio Kirchner logró adelantar las elecciones parlamentarias que cobijan a la mitad de los diputados y a la tercera parte de los senadores. La anterior medida les podrá dar un leve respiro en lo político, pero las equivocadas estrategias en lo económico muy seguramente significan en Argentina el principio del fin del reinado de los Kirchner.

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Apostilla: El Ministro de Minas, por ponerse a modificar caprichosamente las reglas de juego en cuanto a los precios de los combustibles, está en problemas con la Contraloría, que le advierte al funcionario que se ha extralimitado en sus facultades y que las consecuencias de estos excesos pueden representar un serio detrimento para el erario.

 

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