¡No puedo respirar!

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George Floyd: “Es mi cara, hombre, no he hecho nada grave, señor, por favor, por favor, por favor, no puedo respirar, por favor, hombre, por favor, alguien por favor, hombre no puedo respirar, no puedo respirar, por favor… (inaudible), hombre no puedo respirar, mi cara, solo levántate, no puedo respirar, por favor, una rodilla en mi cuello, no puedo respirar, mierda, voy a…, no me puedo mover, mamá, mamá, no puedo, mi rodilla, mi cuello, no aguanto más, no aguanto más, soy claustrofóbico, me duele el estómago, me duele el cuello, todo me duele, dame agua o algo, por favor, por favor, no puedo respirar, oficial no me mate, me van a matar, hombre venga, hombre no puedo respirar, no puedo respirar, me van a matar, me van a matar, no puedo respirar, no puedo respirar, por favor señor, por favor, por favor, por favor, no puedo respirar…”. En ese momento sus ojos se cerraron.

El susurro angustioso, el tenue hilo de voz que le quedaba al afroamericano George Floyd, el lunes 25 de mayo, bajo la agobiante rodilla de un policía brutal, movido por el odio racista; ese susurro entrecortado, pronunciado con el esfuerzo del último aliento, se ha convertido en grito atronador de multitudes indignadas, en EE. UU. y en el mundo entero. ¡No puedo respirar!

Millones de personas en centenares de ciudades, tomando la postura en que estuvo Floyd contra el suelo por 8:46 fatídicos minutos, con todo el poder de sus gargantas lanzan el SOS: ¡No puedo respirar! Hay muchas formas en las que hoy en Colombia no podemos respirar.

NO podemos respirar porque el Esmad, policía brutal, la justa inconformidad nos impide pacíficamente expresar.

NO podemos respirar porque todos los días se ahoga en sangre a líderes sociales y firmantes de la paz.

NO podemos respirar porque la contaminación en las ciudades no deja de aumentar.

NO podemos respirar porque la economía neoliberal produce miseria sin parar.

NO podemos respirar porque la voracidad del capital financiero no deja de apretar.

NO podemos respirar porque la naturaleza es explotada y depradada sin cesar.

NO podemos respirar porque el derecho a la salud es mercancía de comprar.

NO podemos respirar porque el coronavirus, veloz, se propaga por doquier.

NO podemos respirar porque aprovechando la pandemia a reformas regresivas nos quieren abocar.

NO podemos respirar porque con violencia, corrupción y controles excesivos la magra democracia que tenemos buscan socavar.

George Floyd, 46 años, afroamericano, trabajador de recepción y vigilancia en el club Conga Latin Bistro de Mineápolis, hombre tranquilo y amigable, querido por su empleador y por los clientes, tenía toda su ilusión puesta en su pequeña hija de seis años. Floyd fue detenido y esposado porque, según se dijo, había intentado pasar un billete falso de 20 dólares para pagar unos cigarros en el supermercado Cup Foods.

En las redes se ha hecho viral no solo la repugnante escena del crimen, sino las palabras finales entrecortadas de Floyd (arriba). Los expresidentes Carter, Clinton, demócratas, Bush, republicano y Obama, demócrata, han reprobado el proceder de la policía y desaprobado el tratamiento dado por el actual presidente Donald Trump, republicano, a las protestas que estallaron en más de centenar y medio de ciudades a raíz del crimen policial.

El secretario de Defensa ha declarado que no hay razón para la intervención del Ejército, como ha sugerido el presidente. Obama ha lanzado, además, una convocatoria a traducir en votos por Joe Biden, candidato demócrata, el rechazo al horror y la vergüenza de estos días en las elecciones presidenciales previstas para noviembre… Sigue la agitación en muchos lugares, incluida la propia ciudad de Washington, que ni siquiera el toque de queda ha logrado contener…

A la par con la conmoción callejera, una ola inmensa de debate público se ha desatado en todos los rincones de los Estados Unidos. El gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, ha hecho un recuento abrumador de muertes de personas negras a manos de la policía en los últimos 20 años y ha declarado enfáticamente estar de acuerdo con los manifestantes.

El no puedo respirar de Floyd, que no logró sobreponerse a la agresión, se convierte, por arte y magia de la creatividad de la protesta ciudadana, en consigna polisémica de gentes, comunidades y pueblos movilizados que no van a dejarse acallar ni asesinar, ni a dejarse morir por inacción: ¡No vamos a dejarnos asfixiar!

No es cierto que, en coyuntura pandémica, los parlamentos no pueden sesionar, no es cierto que no se puede salir a protestar, no es cierto que no se puede circular. Calles y plazas con salvaguardas, en Norteamérica, Europa, norte y sur, se vuelven a llenar y gritos de libertad se vuelven a escuchar. ¡No vamos a dejarnos asfixiar!

Ni vacilación, ni impotencia. Es hora de avanzar, somos fuerza que no se deja derrotar, las riendas vamos a tomar, todo se puede transformar, operación estatua podemos realizar (desobediencia civil) y pronto, muy pronto, llegará la hora de votar. ¡No vamos a dejarnos asfixiar!

Al cerrar esta columna me entero de un caso similar de brutalidad policial (golpes de bolillo en la cabeza) que acabó con la vida del joven afrodescendiente de 19 años Anderson Arboleda en la población de Puerto Tejada, Departamento del Cauca, al sur de Colombia, el día martes 19 de mayo. Aquí como en EE. UU. solo la fuerza civilista de la ciudadanía puede cambiar el bárbaro proceder de la policía y el desvío institucional.

luis.sandoval.1843@gmail.com

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