Por: Yolanda Ruiz

“No puedo ser sin el otro”

A veces resulta exótico hablar de valores y de ética en un mundo como el de hoy, atravesado por la búsqueda del dinero fácil y el éxito a cualquier precio. En una sociedad que ha convertido en mercancía todo lo que existe, incluidas las conciencias, incomoda a muchos y hasta fastidia recordar que en la ética podemos encontrar respuestas cuando las normas no dan abasto para regular nuestros comportamientos desbocados. Por eso un hombre como el periodista Javier Darío Restrepo resulta poco común, una excepción, si se quiere. Él tenía una cualidad poco frecuente: aplicaba lo que predicaba. Nos dio lecciones de ética y responsabilidad que sabía transmitir con maestría en sus libros y charlas, pero que eran más contundentes y reales en sus acciones.

Javier Darío era un hombre discreto, culto, con una sabiduría cultivada lentamente a punta de sobredosis de lectura y bajas dosis de arrogancia, esa característica tan común en nuestro gremio. Con su muerte se apaga un referente que teníamos todos los que nos hemos propuesto hacer nuestro oficio con sentido de responsabilidad. Sin embargo, espero que su partida haga sonar más fuerte su voz y nos lleve a leer lo que escribió, a escuchar lo que nos dijo, porque sus lecciones van más allá del periodismo y sirven mucho en estos momentos de incertidumbre. Es humanismo lo que hay detrás de sus palabras y siempre he creído que es justamente lo que necesitamos para sobrevivir.

Tuve serias dificultades cuando leí su libro La constelación ética. Suelo subrayar, hacer anotaciones y escribir apuntes de mis lecturas porque tengo una memoria muy frágil. Cuando me enfrenté al libro del maestro, comencé a marcar una tras otra las frases suyas o ajenas sobre un asunto que me apasiona y sobre el que siempre quiero aprender. Todo era impactante, mucho era nuevo y descubrí el nivel de mi ignorancia y la necesidad de mucha más lectura. Repasé el libro pensando en esta columna y estaba casi todo marcado. Por eso resultó difícil escoger algún pasaje, pero les dejo unas frases con la ilusión de que alboroten la curiosidad y se acerquen al legado que nos dejó en sus libros.

Escribió Javier Darío Restrepo: “La ética no se puede imponer por ley. Las leyes nos las imponen desde afuera, necesitan la coacción de policías, jueces y vigilantes; la ética no, por cuanto es un compromiso con uno mismo; de modo que, en términos gruesos, uno es ético porque le da la gana. En síntesis, la ética es un ejercicio de la libertad”. Al escribir sobre las tareas de la ética en Colombia, señalaba que una de ellas era “lograr la restitución de su condición humana, casi desaparecida por las actitudes y prácticas de todas las intolerancias”.

Era claro en señalar que no se podía enseñar la ética a punta de códigos y manuales, ni se podía vender con campañas como si fuera un jabón. También insistía en la necesidad de entender nuestra propia existencia desde el otro porque es esa relación lo que da sentido a nuestra propia existencia y lo que nos ayuda a construirnos como humanos: “No puedo ser sin el otro”. Si las personas entendiéramos hasta dónde nuestro destino está ligado al de los demás, habría una luz de esperanza. En el caso concreto de los periodistas hay que ir más allá y entender, como lo dijo una y otra vez Javier Darío Restrepo, que “el periodista es, antes que cualquier otra cosa, un servidor público”. El hombre que despedimos esta semana lo entendió y estuvo a la altura de la tarea a pesar de que lo tildaban con frecuencia de idealista o de ingenuo, como él mismo contaba. Javier Darío Restrepo nos ha dejado marcado un camino que cuesta seguir, pero que debemos seguir: “La ética es una utopía que no deja espacio para el descanso”.

Nota. Todas las citas son del libro La constelación ética, de Javier Darío Restrepo, editado por la Fundación Gabo.

885164

2019-10-10T00:00:36-05:00

column

2019-10-10T00:15:02-05:00

[email protected]

none

“No puedo ser sin el otro”

30

4049

4079

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Yolanda Ruiz

Es hora de hablar de los PDET

La guerra por el agua

Infierno de tramitomanía

Maleta de muertos

Hombres al borde de un ataque de nervios