No querer extranjeros, una vieja práctica

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En la historia colombiana han sucedido momentos bastantes particulares carentes de sentido a la luz de los análisis académicos y también del pensamiento común. En el libro ¿Por qué somos tan parroquiales?, de Sandra Borda —que recomiendo, porque lo considero lleno de ideas que dan luz de lo que somos—, se expresa claramente cómo la política migratoria del país ha estado marcada por “lunares y motivos de vergüenza en la política exterior”. Esto, dado que cuando los migrantes judíos huían de la persecución nazi, desde el gobierno colombiano se presentaban actitudes antisemitas mediante las cuales se buscaba generar barreras para el ingreso de la población judía al país. Los argumentos dados por los gobernantes de esta época expresaban que la llegada de los judíos generaría problemas económicos, religiosos, biológicos y nacionalistas, y que por tanto no eran bienvenidos. El entonces canciller Luis López de Mesa expresó que los judíos “tenían una orientación parasitaria de la vida y que asimilaban sus riquezas por el cambio, la usura, el trueque y el truco, además que esa raza era transmisora de enfermedades y por tanto podrían dañar nuestra raza”, situación que dio el rechazo a más de 15.000 solicitudes para llegar al país.

Este trascendental hecho da pie para hablar de lo que hoy pasa en Colombia. La contingencia por el COVID-19 ha ocupado ampliamente los esfuerzos de los gobiernos y sus instituciones para el cuidado de las poblaciones. No somos un país con las mejores condiciones para dar respuesta con una atención integral en salud. Tenemos un amplio déficit en hospitales, camas y en personal para atender este tipo de demandas; los profesionales que hay son de gran valor, pero no alcanzan a suplir las necesidades del momento. La petición de la llegada de grupos de médicos de otras regiones del mundo, como Cuba, trae al escenario el miedo del político colombiano frente a algunos aportes de otros países del mundo. Un miedo que se caracteriza por cerrar sus fronteras a los apoyos, con el argumento de que su llegada insertará un nuevo sistema, que para este caso, como lo expresa el partido de gobierno, el Centro Democrático, sería el comunismo.

Mientras Colombia se encuentra en crisis, ad portas de que colapse su sistema de salud, algunos políticos generan todas las barreras para impedir mezclar la raza, mantener su poder y dejarnos en el abismo. Seguirá siendo Colombia un país que se construye en su rareza, le dice no a la paz, no a los apoyos médicos, no a la diversidad, no a la cultura.

Quienes creemos que las cosas pueden cambiar tenemos todo un reto, nuestra acción implica desmontar tantas imprecisiones, ser más abiertos a un mundo que nos espera.

“Nos creemos el mejor vividero del mundo o el ojo del huracán, únicamente porque no tenemos y no hemos querido adquirir información suficiente sobre los referentes alrededor de los cuales construimos dichas afirmaciones”, Sandra Borda.

Julio Enrique Ochoa López

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