Por: Cartas de los lectores

No repitamos los errores

En los juegos nacionales en la ciudad de Ibagué, el alcalde afirmó hasta último momento que todo iba bien, que se harían porque el cronograma del proyecto se estaba cumpliendo.

Asimismo en Santa Marta. Aunque está claro que el alcalde se reúne todos los lunes con el comité de obras, que le pasa parte de tranquilidad, el tiempo le corre en contra y se crean serias dudas sobre si será posible cumplir con todo el cronograma debido a que hay atrasos en varios frentes de trabajo y compromisos de los contratistas.

En la capital del Magdalena, casi cuatro años después (15 de noviembre del 2013) de que la Organización Deportiva Bolivariana la escogiera como sede de los XVIII Juegos Deportivos Bolivarianos, se dejaron pasar los años 2014 y 2015 sin trabajos de fondo en las obras. Sin embargo, a estas alturas del proyecto, los más interesados en que se hagan los Juegos Bolivarianos son los samarios y los habitantes del departamento.

Aunque lo más importarte cuando el Gobierno central le da a la provincia la organización de unas justas como estas va ligado al sueño de los deportistas de tener nuevos escenarios, nos va a servir para mostrar la ciudad al mundo, traer turistas ahora que le apostamos a este sector de la economía como fuente de empleo.

En cuestión de grandes proyectos, podríamos afirmar que deben seguir una metodología y que están constituidos por microproyectos que deben estar debidamente engranados. En éstos intervienen varias disciplinas: hidráulica, civil, agronómica. No podrá haber ruedas sueltas ya que se tendrán que enlazar con todas las actividades a desarrollar hasta llegar a la actividad final. Todo este camino se conoce como la ruta crítica. Ésta determina el estado y los tiempos. La ruta crítica del macroproyecto de los Juegos Bolivarianos nadie la ha visto y nadie la conoce; no la han mostrado a la comunidad. Además se está trabajando el proyecto obedeciendo la metodología del libre albedrío. Con esto se corre el riesgo de no sólo no terminar la obra, sino que por el afán político de terminarla se ponga en riesgo a las personas que van a asistir al estadio.

Hay dos estadísticas importantes que se deben tener en cuenta a la hora de comprometerse con la ejecución de un megaproyecto. La primera es que el 100 % de las obras civiles en Colombia no se entrega a tiempo. En ese sentido, es sabido que en el país se necesita cuatro veces más del tiempo normal para hacer una obra. En Santa Marta, el último ejemplo más claro fue la construcción y entrega del puente la Lucha, que pudo hacerse en un año y tomó seis.

La segunda es que es preferible, conociendo las condiciones climáticas del país, empezar las obras en verano, si esto no se prevé, al llegar los aguaceros en un proyecto a cielo abierto toda la obra se debe parar.

Para concluir, si los habitantes de Santa Marta se dan una pasadita por la construcción del estadio de Bureche podrán encontrar que no los dejen entrar, como ocurrió a los investigadores del diario El Tiempo. Pero se podrían dar cuenta de que estamos a las puertas del próximo elefante blanco de Colombia.

Por otro lado, a pesar de varios campanazos de la comunidad y de los medios de comunicación, los juegos no se pudieron realizar en Ibagué y hasta hoy, por fin, después de dos años, se está judicializando a los corruptos que mataron el sueño de los Juegos Nacionales. El dinero se esfumó, hoy todo es un potrero, pero van para la cárcel.

Luis Hernán Tabares Agudelo.

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