No se necesitaba la máquina de imprimir billetes

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Al principio de la pandemia, muchos economistas de reputación ortodoxa sugirieron que el Banco de la República le prestara dinero al Gobierno para aliviar la crisis económica causada por las medidas de aislamiento preventivo obligatorio. Era una propuesta sustentada por la gravedad de la situación. Pese a que implicaba riesgos inflacionarios —dicho préstamo habría sido, en últimas, muy cercano a prender la máquina de imprimir billetes—, los riesgos eran preferibles a lo que podía ser el costo: la pérdida masiva del empleo de los colombianos.

Las críticas no se hicieron esperar, sobre todo cuando hacer puntos por seriedad y ortodoxia es una obsesión de los economistas colombianos, tanto de los que entienden de lo que hablan como de los que no. Pero más allá de esa discusión, parece habérsenos escapado un punto clave: para proteger el empleo de los colombianos había recursos, incluso sin acudir al Banco de la República, y pese a ello el Gobierno decidió no hacerlo.

Esto lo confirma el que, sin mayor despliegue mediático, el Gobierno haya añadido en días recientes 15 billones de pesos al Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), provenientes de “recursos de crédito externo”. Ahí están, apartados para gastos futuros relacionados con la pandemia —el Ministerio no es claro en cuanto a qué se planea hacer con este monto, si bien equivale a casi el triple del presupuesto del Departamento de Prosperidad Social para el 2021, a unas 160 veces el presupuesto del Instituto Nacional de Salud, o a 12 veces el préstamo de Avianca—, recursos que habrían sido suficientes para financiar el 100 % de las nóminas de los trabajos perdidos durante el aislamiento estricto.

Es difícil imaginar una mejor inversión en la recuperación económica del país que lo que habría sido impedir la destrucción de millones de trabajos. Y, sin embargo, ahí están: 15 billones de pesos bien guardados, mientras que millones de familias se preguntan si algún día recuperarán todo lo que perdieron.

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