Por: Julio César Londoño

No se robó solo un peso

La sentencia de $30.000 millones de multa y 17 años de cárcel que le dictó la Corte Suprema a Andrés Felipe Arias, ha desatado una oleada de reacciones que van desde la lástima por la suerte del exfuncionario hasta el repudio de la sentencia.

La reacción más sentida vino desde las filas del Centro Democrático, claro. José Obdulio Gaviria dijo que Arias es un genio de la economía y que la sentencia era injusta y excesiva. Rafael Nieto Loaiza dice que se trata de una persecución política contra Arias orquestada desde el Gobierno. Álvaro Uribe trinó: “Muerte política y destierro para un mártir de la patria”. Los tres lamentan la suerte de Arias y coinciden en afirmar que “el exministro no se robó un solo peso”.

Yo debo reconocer que estoy de acuerdo con estas personas. En aras de la fluidez de la discusión, aceptemos que Arias fue generoso con los dineros del Estado, por ejemplo en el caso denunciado por Daniel Coronell. Arias compró en $700 millones un apartamento que valía $1.200 millones a unos señores que habían recibido subsidios por $1.100 millones de Agro Ingreso Seguro. Para algunos, esto es un peculado por apropiación. Yo lo veo como una muestra de gratitud del ministro.

A veces su gratitud era desproporcionada, es verdad. A Luis Carlos Sarmiento, que le dio $50 pinches millones para su campaña de candidato en la consulta conservadora para las elecciones presidenciales de 2010, le entregó subsidios por $12.705 millones.

Como AIS era un programa dedicado al apoyo de los pequeños y medianos agricultores, les otorgó $747.000 millones a tres proyectos de aparcería, lo suficiente para tres huertas caseras, digamos, pero los titulares renunciaron al beneficio cuando estalló el escándalo mediático. Sin embargo, Arias alcanzó a irrigar $280.000 millones entre gente desplazada, como la familia Iragorri (Mayaguez S.A.), la familia Éder (Grupo Manuelita) y la familia Caicedo (Ingenio Central Castilla). También figuran entre los beneficiarios Alquería, la Corporación Social Coltabaco y una actriz muy linda y humilde que ni siquiera sabía leer ni sumar. Como en el caso de Sarmiento, esta largueza del ministro fue pagada con colaboraciones avaras a su campaña.

También recibió auxilios Colombia Cambió, una fundación dirigida por César Serrano, suegro de Arias y directivo también de su campaña política, una coincidencia triplemente embarazosa pero coincidencia al fin.

Por todo lo anterior, coincido con la posición del Centro Democrático: Arias no se robó solo un peso.

Un amigo que los conoce, me asegura que Tomás y Jerónimo no salen de su estupor: “¿¡Arias no se robó ni un peso!?”. Pero no me merece credibilidad este sujeto. Sospecho que es castro-chavista.

¿Es inocente el exministro? Para responder la pregunta, aclaremos primero que hay por lo menos cuatro Arias. El tecnócrata brillante, de modales suaves y acento neutro, es sospechoso por su brillantez, serenidad y tecnocracia. El Arias Número Dos, un señor que dice palabrotas con fuerte acento paisa cuando se le salta el breaker al tecnócrata, es un buen hombre. El Arias Tres, un joven que alza los hombros como Fabio Echeverry cuando es sorprendido con las manos en la masa, es un pilluelo incapaz de dar un golpe como el de AIS.

La vez que un reportero de la revista Caras le preguntó (antes del escándalo) “¿cuándo ha dado papaya?”, Andrés Cuatro respondió: “Cuando he querido dar ayudas y subsidios a los que no lo necesitan”. Este es el verdadero Arias, un joven ambicioso pero inocente y franco. Es a este Arias al que yo le creo y por el que estoy dispuesto a jurar que no se robó solo un peso.

 

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