Por: Alfredo Molano Bravo

No tema, póngase el emblema

UN HOMBRE DE ACERO, UN HÉROE DE carne y hueso, un titán sin talón de Aquiles, seguramente sometido a un guión días y días con sus noches, que no comía sin repetir su libreto, que se bañaba envuelto en los pliegues de la bandera, que llevaba sobre sus hombros el honor y el valor de mil batallas y sobre su pecho la pasión por la patria, que su corazón le había cogido el paso al sagrado corazón de Jesús.

Ese hombre de acero digo sintió de golpe que su estructura de hierro se derretía como si fuera gordana al sol, que sus herrajes, tornillos, tuercas y engranajes le sonaban cada vez más como si el mismísimo chirajara, como llaman al patas, maligno o diablo en los Llanos, lo hubiera convertido en un carro de cacharros.

Sintió nervios al ver tanto guerrillero junto. Él, que como oficial de inteligencia quizás estaba acostumbrado sólo a verlos de uno en uno y maniatados de patas y manos, sintió nervios, y en vez de encomendarse al padre Marianito que  impide que los murciélagos les chupen sangre a los caballos del hermano del Señor Presidente, a la Virgen del Carmen, al Santo Ecce Homo, al propio Milagroso de Buga, echó mano de un recurso virtuoso y muy eficaz,  que tenía por costumbre usar San Luis IX, rey de Francia: ponerse una gran cruz roja sobre su peto. Y salir galopando a matar musulmanes en Tierra Santa.

O para decirlo con palabras del Señor Presidente: “Cuando el helicóptero se aprestaba a aterrizar, él vio tal cantidad de guerrilleros, que se puso en una situación de mucho nerviosismo, que temió por su vida y que sacó el pedazo de tela con los símbolos del Comité Internacional de la Cruz Roja, que llevaba en su bolsillo, y lo puso sobre su chaleco”. Y sin más se botó del helicóptero o señuelo gritando: Colombia es pasión. Otro de sus compañeros de comando sintiéndose temblar apeló a otro fetiche: una camiseta con la famosa fotografía que Korda le sacó al Che Guevara.

Íngrid desconfió de tanto pluralismo; no así César y Gafas, que sintieron gran confianza, como la sentían estas dos unidades del operativo impecable: se les secaron de repente como por milagro las manos, dejaron de sudar frío y los nervios volaron por los aires con sus presas como águilas caudales. Con razón el Señor Presidente dijo después que la conexión entre los soldados y el pueblo era un hecho.

La fórmula debería ser adoptada por todos los colombianos habiendo sido alabada como un golpe de inspiración por el Primer Mandatario. Cuando Ud. sea presa de mucho nerviosismo y tiemble como una mata en medio de un huracán, póngase el emblema; cuando a Ud. le den muchos nervios montarse en un avión, ver un ratón, o ver el chagualo de un NN en una calle, no tema, póngase el emblema; si Ud. sospecha que lo van a botar del puesto, si tiembla al pensar que un banco lo va a embargar, o que le van a botar a los hijos del colegio, no tema, no sude, no sea bobo, póngase el emblema, saque pecho y  ‘frentié’ al jefe, al jurídico o al rector.

Si le da miedo el desbordamiento de los ríos, los derrumbes, los rayos o los truenos, no se encomiende a santa Bárbara ni a san Isidro, ni queme ramos de palma, ni llame a la Defensa Civil, póngase el emblema. Si tiembla al oír hablar a José Obdulio, no tema, póngase el emblema. Ahora bien, si siente que le rapan la cartera, que le roban el reloj, o que una caravana de escoltas le pasa por encima llevando a un funcionario oficial a un coctel, tranquilícese, póngase el emblema.

Si decide salir hoy  domingo y teme un atentado de la guerrilla, una carga del Escuadrón Móvil Antidisturbios, un terrorífico aguacero, tranquilo, no tema, póngase el emblema, y salga sin nervios. Nada le pasará. La fórmula está patentada por la institucionalidad, por la Iglesia y tolerada por la Cruz Roja Internacional. Y, para curarme en salud: no escribo para los terroristas, los asaltantes de bancos, los abigeos, los ladrones de custodias, los Jorge 40 ni los 35. ¡De eso no soy responsable yo!

Buscar columnista

Últimas Columnas de Alfredo Molano Bravo