Por: Oscar Guardiola-Rivera

No teman hablar

Dirigiéndose a la multitud reunida en Zuccotti, cerca de Wall Street, un reconocido pensador estadounidense pronunció las que quizá serán las palabras iniciales de la nueva declaración de independencia norteamericana: “no teman hablar de revolución”, les dijo.

En el sitio estaba prohibido el uso de micrófonos. Los asistentes decidieron pasar el mensaje de viva voz, uno a uno, quedamente. Fue sublime.

Esta vez no se trataba de oponer unas verdades evidentes en contra del dominio extranjero, sino de denunciar la ambición imperial del sector financiero. “Estamos aquí porque los banqueros han usurpado el control del gobierno”, me respondió uno de los asistentes al preguntarle por las razones de su presencia.

“Reducir la cuestión de la ambición desmedida de Wall Street a un par de demandas es imposible. Estamos hablando de un despertar democrático”, declaró el filósofo Cornel West. Según él, la protesta busca crear conciencia política para que la gente pueda ver lo que está sucediendo en forma diferente. Después vendrán las peticiones, las demandas. “En últimas— dijo— se trata de lo que Martin L. King llamó una revolución: transferir el poder de la oligarquía a las gentes comunes de todos los colores”.

Plaza Syntagma, Plaza Catalunya, Parliament Square, la Universidad de Puerto Rico, Plaza Tahrir, Pretoria, Santiago de Chile y ahora Wall Street. Cuando al carácter multicolor transnacional de la protesta se suman la necesidad percibida de un despertar político y la conciencia de la esclavitud común, en este caso esclavitud por deuda, las condiciones para una ruptura están dadas.

¿Es este el comienzo de la segunda revolución americana? Resulta aventurado conjeturar; en el camino de los rebeldes no escasean los obstáculos. “El poder simbólico de la nación Americana ha desaparecido”, me advirtió la filósofa Drucilla Cornell en Nueva York, “los financistas y los ricos tan sólo son leales a sí mismos”. Entre tanto, los activistas del Tea Party, tan orgullosos de su inmensa ignorancia, contribuyen a dividir la nación y a enfrentarla.

Pero resulta imposible no contemplar la ocupación de Wall Street como el comienzo de un otoño americano en respuesta a la primavera africano-árabe.

“Es simple, si nos están robando todo lo demás, sólo queda proteger nuestra dignidad”, me dijo la feminista Linda Martin. “Hay que cuidarnos de creer en alucinaciones”, escuché decir al escritor Junot Díaz ante una audiencia en New Jersey. “Dicen que esta era es post-racial y sin embargo se hostiga a los latinos y se despoja a los afros. Es fucking white supremacy”.

El sábado, miles de personas salieron a las calles apoyando a los ocupantes. El domingo, las hijas de Frantz Fanon, Malcolm X y Steve Biko, reunidas en Harlem, nos invitaron a releer a sus padres. Están haciendo historia.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres

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