Por: Mauricio Botero Caicedo

'No todo vale'

De la primera vuelta en las elecciones presidenciales los colombianos quedamos con mal sabor, asqueados con la forma de hacer política y de presentar las noticias. De alguna manera nos identificamos con la bandera descompuesta y raída que circula por internet y cuyo mensaje reza: “Los colombianos pedimos a los políticos, RESPETO por lo que queda del país”.

En reciente columna en este diario (mayo 14/14), la columnista Elisabeth Ungar afirmaba: “Transparencia por Colombia se une al urgente llamado que desde diferentes sectores se les ha venido formulando a las campañas para que cese la guerra sucia y esta sea reemplazada por el debate sobre propuestas concretas para solucionar los problemas más apremiantes del país”.

Pero el ‘todo vale’, la negociabilidad de la ética, no sólo es problema de los políticos, sino de los medios. En una extraordinaria entrevista (Ver video), Juan Gossaín pone el dedo en la llaga. Gossaín afirma sin tapujos que en las diez campañas que ha cubierto jamás había visto la “penosa manipulación de la prensa” como la que ocurre en la actual campaña. Para Gossaín, “la manipulación consentida es complicidad” y la utilización política en la noticia se presenta cuando “lo que a mi candidato beneficia, lo exalto; lo que lo perjudica, lo minimizo; lo que le hace daño al adversario hay que hacerle ocho columnas o tiempo Triple A”. Y añade: “ese es el tipo de manipulación que, mucho más que guerra sucia, es un manejo asqueroso de la prensa”. “El supremo deber del periodista es informar” y el periodista debe respetar la regla de oro de la profesión: “el comentario es libre, pero la noticia es sagrada”.

En el artículo de la semana pasada comentábamos sobre nula capacidad de los grandes medios y de los mal llamados “formadores de opinión” de influenciar las decisiones de los electores. Casi en su totalidad en contra de Zuluaga y a favor de Santos, el electorado les hizo saber a los medios y a los “formadores de opinión” que sus opiniones no las tienen en cuenta.

Mario Vargas Llosa, en su excelente libro El héroe discreto, describe admirablemente la prensa actual: “La función del periodismo en este tiempo, o, por lo menos, en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia. Otra prueba de que los pequeños espacios de civilización nunca prevalecerían sobre la inconmensurable barbarie”.

Los medios, principalmente los radiales, se han convertido en “jueces supremos” de la sociedad, sentenciando implacablemente a quienes los periodistas consideran —sin mayor prueba y en ausencia de juicio— culpables. Y contra esta infamia sólo hay un antídoto que es la pauta. La mayoría de los noticieros en Colombia, tan frívolos como light, tienen tanto parecido a un informativo tipo noticiero de la BBC, como tiene la revista Elenco con el semanario The Economist.

Los socios del club El Nogal, de forma abusiva e irrespetando los derechos de los vecinos, se han tomado como su parqueadero privado la calle 78 entre carreras 4 y 5. Los residentes se ven a gatas para entrar o salir de sus edificios. No sabe uno qué asombra más: la avaricia de los socios evitando pagar parqueadero o la pusilanimidad de la Policía de Tránsito que, conociendo el abuso, no mueve un dedo.

 

 

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