Por: Hernán González Rodríguez

Nobel de Economía 2012

El Permio Nobel de Economía del año en marcha se lo asignaron a Alvin Roth y a Lloyd Shapley. Quien escribe comienza por admitir que no le ha resultado nada fácil comprender las investigaciones que realizaron para merecerlo.

En una explicación sobre este premio publicada por The New York Times se afirma que sus trabajos apuntan a juntar personas y cosas en mercados donde no existen los precios o, si acaso existen, se encuentran muy restringidos.

Por ejemplo, un esposo necesita un trasplante de riñón y su esposa está dispuesta a ceder uno de los suyos, pero acontece que no son compatibles. En los Estados Unidos existen otras parejas con necesidades o dispuestas a intercambiar sus riñones con personas compatibles. Los galardonados diseñaron unos programas matemáticos para juntar estas personas. Otro ejemplo. Los médicos recién egresados buscan hospitales que se especialicen en ramas en las cuales les agradaría trabajar. Estos programas ayudan a asignarlos de acuerdo con sus intereses y con las necesidades de los hospitales.

Como se deduce de los ejemplos citados, diseñan los Nobel mercados eficientes sin usar los precios para juntar personas o cosas. Por culpa de esta limitación no diseñan mercados en un sentido amplio, sino que lo hacen en un sentido estrecho, para circunstancias muy limitadas. Con razón se oye decir: “figura este como uno de los premios más tediosos entre los entregados hasta la fecha. A lo sumo, es un premio con algunas ideas para mercados pequeños y descoordinados, porque la verdadera maravilla de la coordinación sigue siendo el mercado”.

Otro reconocido experto afirmó: “la primera vez que leí el trabajo de Roth reaccioné en forma adversa y me pregunté, ¿es esto realmente economía? Reconozco que sus aplicaciones se basan en teorías y principios generales, pero ofrecen soluciones limitadas solo a las instituciones y particularidades que establece en su estudio. En mi juventud me ilusionó la idea de que los principios económicos eran universales. Pero al releer el trabajo de Roth, mudé mi concepción de la economía y aprecié sus soluciones para situaciones específicas”.

La lista de Premios Nobel en Economía adjudicados a los intelectuales estadounidenses resulta ser interminable. Innegables considero sus grandes aportes. Pero cuando se escuchan los debates televisados sobre temas económicos entre el candidato republicano Mitt Romney y el presidente demócrata Barack Obama, para la presidencia de Estados Unidos, confirma uno aquella amarga realidad que sostiene que la economía viaja siempre al anca de la política. Sin embargo…

No comprendemos desde otras latitudes cómo un presidente bobalicón como el presidente George W. Bush terminó su mandato en medio de la peor recesión económica después de la padecida en los años 30, habiendo estado rodeado de tantos Premios Nobel y de tantos copartidarios suyos que lo alertaron y no se dignó atenderlos.

No comprendemos los millones de estadounidenses angustiados por la falta de trabajo, culpa en parte de los empleos que sus propias empresas trasladaron a China y a otros países siguiendo los consejos del libre comercio sin reciprocidad que preconizaron no pocos de sus Premios Nobel. Afecta todo esto a 32 millones de estadounidenses que viven hoy en medio de la pobreza.

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