Por: Columnista invitado

Noche de película

Fue una noche fantástica, de película, especial para el asombro, en la cual el mundo se deleitó con una combinación de realidad y ficción, cuidadosamente elaboradas y perfectamente fantásticas.

Reunir en un lugar inmenso, para el tamaño del universo, pero pequeño para su contenido, a tantos personajes reconocidos en el mundo entero, como los inspiradores de la Revolución Industrial que cambió la historia con sus telares y máquinas de vapor; los campesinos, que son el soporte de una economía agrícola fuerte desde hace más de 200 años, y el nacimiento del capitalismo, que se esparció por el mundo como una tendencia si no ideal la más adecuada para el desarrollo de las sociedades modernas, significó el preámbulo de la noche maravillosa.

Esa realidad fue esporádica. La presencia del director de cine Danny Boyle como jefe de la ceremonia tenía que señalar la ruta. Pronto apareció la fantasía de J.K. Rowling, encarnada en sus personajes de Harry Potter, el joven mago que entró corriendo al estadio con sus amigos para reafirmarse como uno de los íconos del celuloide del mundo moderno.

Pero la película mayor, que causó también el asombro mayor, contó con una inesperada protagonista, la reina Isabel, acompañada de otro de los ídolos de los ingleses, James Bond, el agente 007, famoso desde hace 50 años por cintas que inundaron los teatros del mundo. Ver a la reina exigir a Bond que la llevara hasta el estadio para la inauguración de los juegos; luego, a los dos subirse a un helicóptero para levantar vuelo, surcar los cielos londinenses y llegar hasta el estadio para saludar desde arriba a la multitud, y después lanzarse con Bond, caer a un costado del escenario e ingresar para declarar inaugurados los juegos, pagó cualquier precio de la boleta.

Esta fue la parte que vio el mundo entero. Y esta es la otra película, la de los actores colombianos, la cual conocieron unos pocos porque ocurrió lejos de la bulla de las cámaras.

La fiesta comenzó muy temprano, en los propios alrededores del escenario, porque miles de niños vitorearon al equipo colombiano, que respondió con saludos, fotos y autógrafos, a la gente agolpada detrás de las vallas que señalaban el camino.

Después, encabezada por la abanderada Mariana Pajón, ingresó la delegación al inmenso estadio, vestida de manera diferente a las demás, con camisas impregnadas de motivos precolombinos y uno de los modelos del sombrero vueltiao, que es uno de los símbolos nacionales.

Una vez terminó el recorrido, los atletas colombianos se convirtieron en espectadores de esa noche fantástica que no paraba de ofrecer sorpresas, cerradas con la música de un ídolo eterno, el exbeatle Paul McCartney.

 

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