Por: Jaime Arocha

Noche y hambre

Me he referido al seminario Afrocolombias, Conflicto y Reconciliación, celebrado el mes pasado en la Universidad Nacional. Uno de los expositores fue el teólogo y antropólogo Jesús Antonio Flórez. Rememoró la Operación Génesis, que en 1997 vinculó al general Rito Alejo del Río con el narcoparamilitar Vicente Castaño en un ejercicio de sevicia que desembocó en el desplazamiento de 15.000 miembros de las comunidades de Cacarica, Cuvaradó, Jiguamindó, Domingodó, Salaquí y Truandó, entre otros pueblos del Atrato**. Pese a que los asistentes estaban familiarizados con esos actos genocidas, Flórez se refirió a otra atrocidad menos destacada: la exigencia de que los campesinos no se movieran de noche. En una región con pocas vías terrestres, donde practicar la ganadería requiere tumbar la selva húmeda, el acopio de proteínas ha tenido una marcada dependencia en dos actividades nocturnas, la caza y la pesca. La veda de esas labores ha puesto en riesgo el balance nutricional de esos pueblos, un infortunio que —según Flórez— han amortiguado las oenegés que tratan de solventar la crisis humanitaria que afecta a casi todo el litoral Pacífico. Así, nuevas formas de mendicidad han reemplazado la producción autónoma y han debilitado la solidaridad cementada por las cocinas tradicionales. A ese debilitamiento social lo refuerzan prohibiciones como las de llevar a cabo la liturgia fúnebre, tan fundamental dentro de pueblos a los cuales los orienta una teología para la cual los muertos son santos y los santos son vivos.

Uno y otro mecanismo etnocida lubrica la desposesión territorial y parecerían haber nacido de una ciencia social aplicada de una sofisticación retorcida, poco acorde con la precariedad mental de quienes torturan con motosierras y patean las cabezas de sus decapitados. Ya son públicos historiadores y periodistas que ayer militaron en la izquierda y hoy están empeñados en ampliar y consolidar las tesis del odio del Centro Democrático. Otros científicos sociales de tendencias supremacistas blancas deben estar en la clandestinidad. Saber acerca de ellos y de su responsabilidad será difícil dada la manera como esa agrupación política, Cambio Radical y el conservatismo lograron que los terceros responsables quedaran eximidos de la Jurisdicción Especial para la Paz. Por el lado de la guerrilla, otra ha sido la situación. Por ejemplo, siempre fue público que Alfonso Cano había estudiado Antropología en la Universidad Nacional. Hoy ya es sabido que la FARC firmó un compromiso para someterse a esa jurisdicción especial. Es evidente que verdad, justicia, reparación y no repetición no involucrarán ni a la derecha, ni a sus ganaderos, acaparadores de tierras y empresarios beneficiados por la guerra. Siguen empeñados en que este país sepulte la oportunidad única de acabar un conflicto de medio siglo. Debido a ella —de manera excepcional— la comunidad internacional admiró a este país y tuvo fe en la solidaridad de sus ciudadanos. La historia señalará a los responsables de nuevos ciclos de conflicto armado. Por el medio siglo de dolor ya transcurrido se deduce que —pese a declararse adalides del catolicismo— se eximen del propósito sacramental de la enmienda.

*Miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.

**Flórez López, Jesús Alfonso y Millán Echavaría, Constanza. 2007. Derecho a la alimentación y al territorio en el Pacífico colombiano. Bogotá: Misereor.

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