Por: Lisandro Duque Naranjo

Noemí

ACABO DE ENTERARME DE LA VICTOria de Noemí Sanín sobre Andrés Felipe Arias en la consulta conservadora.

No deja de ser un alivio el poder descansar por un tiempo del segundo personaje, de quien curiosamente lo más ácido que se dijo, al menos en los últimos días, fue por uno de los gurúes de la derecha, Plinio Apuleyo Mendoza, quien lo trató como un “caso psiquiátrico” por despojarse en forma tan regalada de su identidad a efecto de remedar la de su mentor Álvaro Uribe Vélez. Queda la incógnita de por qué razón éste último puede ser tan complaciente con alguien que lo imita, hasta el extremo de decir del mismo que es su “versión mejorada”. Cada cual escoge su espejo, de modo que allá ellos. Tocará leer de nuevo El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, novela que expresa la patológica simbiosis entre un modelo y su retrato que terminan destruyéndose mutuamente. Pero bueno, el hecho es que sale del tablado esta pésima promesa por la que se la jugó toda su original, quien no vaciló, con tal de promoverla a la más alta posición, en enfrentarse hasta con el Departamento de Estado norteamericano, cuando esa dependencia se pronunció, a mediados de esta semana, contra los usos delincuenciales que el denominado “Uribito” hizo de su engendro del Agro Ingreso Seguro. El Presidente, tan incondicional  con su protegido como éste con él, sólo que teniendo más que perder, se refirió al despacho de la señora Hillary como un lugar de “politiquería internacional connivente con el terrorismo”. Eso es lo que se llama quemar las naves.

El hecho es que Noemí dejó de deberle mucho a Uribe, salvo esas dos embajadas importantes en las que la nombró, que no son poca cosa, por supuesto. Y que las obtuvo en reconocimiento, al menos la de los últimos cuatro años, a que ella fue la primera persona en proponer la reelección. Pero como regresó sin ganas de reincidir en su apoyo a la segunda, el ex jefe se le puso difícil y, como dicen en Antioquia, dejó de distinguirla. De modo que ni mano a mano están, y de aquí en adelante la señora goza de una autonomía que le permite zafarse de una incondicionalidad que sólo era explicable en quien fue derrotado por ella. Que así lo entiende ya como candidata, está demostrado en esa parte de su discurso de victoria que alude a las “adversidades” que debió vencer durante su campaña. Y que no podían proceder sino de los que no le perdonaban que se rehusara al malhadado referendo. Ahí verá ella si sigue creyendo que quienes votaron por su nombre fueron sólo los uribistas de racamandaca, y no identifica a los que la prefirieron justamente para sacar del juego a esa extrema derecha que tiene al país hasta el cuello. En realidad conozco incontables casos de gente que no tanto fue lo que votó por ella como contra Andrés Felipe Arias. Ahí le dejo ese trompo en la uña, doctora.

Curioso que una consentida, hasta hace seis meses, del establecimiento uribista, se haya convertido, sin proponérselo, en la pieza que ahora le ha quitado el sueño al mismo y pueda significar el cuarteamiento de su hegemonía. Confiemos en que comience por cambiar esas mismas respuestas socorridas que preparó en Inglaterra, en vista de que la vida, la caprichosa vida, le ha cambiado las preguntas.

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 Posdata: Demostrando su instinto de conservación, el presidente Uribe fue el único entre los mandatarios presentes en la posesión de Piñera, el chileno, que echó a correr como un varón cuando empezó a temblar la tierra. Estaba en su derecho de  obedecer a los instintos, pero aún así me hizo acordar de la definición de Ambrose Bierce sobre el miedo: “Estado de ánimo en el que se piensa con las piernas”.

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