Por: Ernesto Yamhure

Noemí depende de Arias

 LA CAMPAÑA QUE DESEMBOCÓ EN EL apretadísimo triunfo de Noemí Sanín ha dejado fracturadas las estructuras del Partido Conservador.

Los resultados electorales demuestran que la mitad de los conservadores de Colombia están con la seguridad democrática y la otra mitad con el modelo del Caguán que representa la hoy candidata Sanín.

Se veía venir la división de ese partido. Durante la contienda,  la ex embajadora hizo todo lo que estuvo a su alcance para espantar a Arias, a su equipo y, por supuesto, al millón cien mil ciudadanos que lo siguen. Su actitud beligerante no tuvo límites. No está de más recordar que en el debate organizado por Caracol televisión, Noemí se atrevió a decir de manera temeraria y falaz que el ex Ministro de Agricultura es un ladrón.

La candidata conservadora jamás se imaginó que Arias fuera a sacar tan colosal votación. Sus asesores, campeones mundiales en el arte de halagar, la tenían convencida de que Uribito iba a alcanzar una cifra mínima que en poco o nada le afectaba el camino hacia la codiciada Presidencia de la República.

El escenario cambió. Andrés Felipe Arias, un tipo nuevo en la política, sin ningún antecedente electoral, fue votado por 1’085.313 personas, grupo de ciudadanos que son definitivos para quien quiera ganar las elecciones presidenciales.

Parece que Noemí está desesperada por pactar con Arias. Difícil tarea. Una persona con un mínimo de decoro, jamás buscaría una alianza con alguien a quien considera de mala fe. Bajo el supuesto de que llegue a un acuerdo, ¿cómo va a explicarles a sus seguidores que hace un mes Arias era un pícaro y ahora es un hombre honrado? Espero que no vaya a salir con que la acusación, que le valió una denuncia penal por calumnia e injuria, fue hecha “al calor del debate político”.

Pero el tema va más allá de la percepción ética que Sanín tiene de Arias. Las diferencias entre ambos son de fondo y cualquier entendimiento tendrá que culminar en un acuerdo escrito sobre temas fundamentales.

El sector afecto a Arias cree que él debe asumir la presidencia del Partido Conservador. Sería un gesto de unidad fundamental. Noemí Sanín como candidata y Arias, que es el dueño de la mitad de los votos de la colectividad, como cabeza de la misma.

La gente que rodea a Noemí Sanín debe ser consciente de que si en efecto quieren que el partido no continúe fragmentado, tienen que reconocer que la victoria en la consulta no fue lo suficientemente amplia, razón por la que deben abrir espacios políticos suficientes para que el conservatismo uribista que lidera Andrés Felipe Arias se mantenga en la colectividad y no se vaya corriendo a la campaña de Juan Manuel Santos, fenómeno que ya se está presentando con muchos líderes que ven con profunda desconfianza y recelo el triunfo del pastranismo-noemismo-caguanismo.

Noemí necesita de Arias. Él es el único capaz de ayudarla con su penosa capacidad de controvertir (se mostró realmente vacía en el debate del martes) y a subsanar su panda estructura sobre temas fundamentales como economía, seguridad, justicia, agro e infraestructura.

Quienes rodean a la candidata deben entender que esto no es cuestión de egos ni de vanidades, sino de principios filosóficos, y por eso no está de más recordarles aquel famoso discurso en el que Laureano Gómez sentenció:

“¡Ay del Partido Conservador si olvidando la doctrina se envenena con los personalismos!”.

“¡Ay del Partido Conservador si rompiendo sus tradiciones y disciplinas se deja invadir por las estériles agitaciones politiqueras!”.

“¡Ay del Partido Conservador si entrega su destino a las mentes equidistantes que sin fe ni amor al ideal, en los momentos de peligro, se repliegan al fiel de la balanza como trinchera de quietud y sosiego!”.

 

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