Por: Lorenzo Madrigal

Noemí insiste

FIEL DISCÍPULA DE SU PRESIDENTE, Belisario Betancur, Noemí Sanín Posada enfrenta el tercer intento por llegar al solio de Bolívar. Belisario lo consiguió en la cuarta oportunidad (Belisario Betancur “Cuarta”, apuntó algún ocioso).

Destellante su triunfo de la semana pasada, vinculada ya al Partido Conservador, lo que había desdeñado en ocasiones anteriores. Es claro que su estirpe no la desmentía: hija de político conservador, el también académico Jaime Sanín Echeverri, quien primero fue laureanista y luego ospinista, en el furor de esas viejas corrientes. Con ello demostró una vez más que alinderarse resulta imprescindible, como asimismo lo experimentó Luis Carlos Galán, matriculado a última hora en el liberalismo turbayista, con algo de dolor para sus seguidores.

Abierto el juego democrático, se valoran personalidades y circunstancias. Asunto de cuidado son las vicepresidencias. Los candidatos parecen tomarlo como algo personal, en lo que nadie tendría por qué entrometerse y piensan que no afecta en demasía su aceptación pública. Y se vienen equivocando. Gran error, duele decirlo, el de Germán Vargas Lleras, por ejemplo, con su escogencia. Una meritoria mujer, que ha superado con creces su limitación física, lo que, sin embargo, no es un título que valga por sí solo para ejercer la primera magistratura de la Nación, a lo cual se mide, como expectativa, un vicepresidente de la República.

Elsa “Margot” Noguera, simpática y diserta dama, con rostro de niña, tiene evidente mérito público en el ámbito de su ciudad, como secretaria de Hacienda, donde, según afirman, hizo milagros. Pero vender tempranamente su imagen desconocida al público nacional no será fácil, a mi entender.

La comparación que de ella se hizo con el prodigioso Stephen Hawking, en ningún caso la deshonra, como un amable lector opinó, sino, más bien, es prueba de la admiración y sorpresa que causa su repentina figuración en el ámbito nacional y político. Con todo, de buenas a primeras no se llega a la Presidencia de la República ni quien pretende acceder, así sea en sustitución del titular, puede escapar a la luz pública esclarecedora ni a la caricatura política inmisericorde.

Pienso que, dada su buena votación en la consulta y sus grandes méritos, la discursiva Marta Lucía Ramírez podría calificar como vicepresidenta de Noemí, así el matriarcado resulte evidente. He oído que es la hora de la mujer.

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Con la admiración que le profeso a la Corte Suprema de Justicia, hoy más que nunca, estimo que ha dosificado con excesivo rigor la pena en el caso de los parapolíticos. Es malo —y cobarde— “besar el puñal del asesino”, si acaso hubiera sido así, pero no es lo mismo que accionar el puñal y ser capaz del crimen.

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