Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Nombres y apellidos

La Corte Constitucional le ha ordenado al Congreso expedir una ley que reglamente el orden de los apellidos de las personas para evitar el tratamiento machista que ha existido a lo largo de los años según el cual primero va el del padre y luego el de la madre. El fallo advierte que, de no proceder así las cámaras, la Corte queda facultada para hacerlo ellos.

La verdad es que, si bien prevale el apellido del padre, cuando la persona emplea los dos, no sé por qué el segundo parece ser más sonoro. Por ejemplo, al excontralor Antonio Hernández Gamarra algunos caen en el error de llamarlo Gamarra. Igual al fallecido profesor Jaime Vidal Perdomo, a quien a veces llamaban Perdomo (sus alumnos, Perdimos). Y a mí más de una vez me han dicho Núñez.

En el gobierno de Virgilio Barco se expidió un decreto con facultades de ley, elaborado por la Superintendencia de Notariado y Registro, entonces a mi cargo, en donde se determinó que la persona podía cambiarse el nombre “por una sola vez” en una notaría si no le gustaba el que le habían puesto sus padres. Con ello se trató de evitar el engorroso trámite, que antes existía, en donde esa clase de diligencia solo podía hacerse ante un juez.

Las solicitudes de cambio de nombre fueron tan numerosas que los notarios se convirtieron en consejeros para que no se abusara de esa facultad. Hubo, por ejemplo, un joven muy aficionado al fútbol que fue a una notaría en Medellín para modificar su nombre de tal manera que dejara de ser Carlos y se le llamara Deportivo Independiente Medellín, Dim. No hubo poder humano que lo hiciera desistir de tamaño despropósito.

—Pero, ¿cómo se va a llamar usted igual que un equipo de fútbol? —le preguntó el notario.

—¿Y eso qué tiene? —respondió el interpelado—. Yo he visto en la prensa que hay un político muy distinguido, hijo de un expresidente de la República, que se llama Júnior Turbay. Luego, ¿por qué yo no puedo ser Deportivo Independiente Medellín?

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2019-11-19T00:00:12-05:00

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