Por: Marcos Peckel

Noruega: unas de cal y otras de arena

Una vez más Noruega salta al ruedo, esta vez promoviendo un acercamiento entre el régimen de Maduro y la oposición venezolana. Si bien Noruega ha participado en decenas de negociaciones de paz, especialmente en conflictos internos, los logros son precarios. La mayoría de acuerdos de paz en el mundo, varios mediados por Oslo, han fracasado y las partes han vuelto al conflicto, agravado por las secuelas de una paz malograda. Según el Centro de Monitoreo de Conflictos y Paz de la Universidad de Upsala, Suecia, de los 216 acuerdos de finalización de conflicto firmados entre 1975 y 2011, aproximadamente la mitad colapsaron, varios mutaron a diferentes formas de violencia y algunos tuvieron éxito relativo.

Son múltiples las causas que conllevan al fracaso de acuerdos de paz. Estados frágiles incapaces de copar espacios y establecer una gobernanza básica, sectores que se sienten vulnerados por lo acuerdos y buscan descarrilarlos, firmantes no suficientemente representativos de las partes en conflicto, justicia transicional incompleta, expectativas de mejoría social y económica incumplidas, ayuda internacional que no se materializa o fallas en el mismo proceso que carga consigo los factores de su propia destrucción. En el caso del acuerdo con las FARC pareciera aplicar todo lo anterior, de ahí las dificultades que enfrenta el proceso.

El logro que catapultó a Noruega al panteón de negociador de paz se dio en 1993 con la firma los acuerdos de Oslo entre Israel y los palestinos, los que, sin embargo, sucumbieron en 2000 tras el fracaso de la cumbre de Camp David y los subsiguientes atentados suicidas de Hamás.

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La participación de Noruega junto a otros países, logró la paz en Guatemala y en Sudán. Este último acordó la separación de Sudan del Sur, país actualmente inmerso en un baño de sangre de su propio conflicto étnico no previsto quizás por los mediadores.

La facilitación noruega en Sri Lanka en el conflicto entre los Tigres Tamiles y el gobierno budista en Colombo concluyó con la firma en 2000 de un acuerdo de paz que estallo en átomos al poco tiempo. La guerra terminó en 2009 cuando el gobierno lankés lanzó una ofensiva de tierra arrasada contra los reductos tamiles matando decenas de miles de civiles.

Suerte similar ha corrido la mediación noruega en Myanmar entre el gobierno militar y los diferentes grupos étnicos levantados en armas. La masacre y desplazamiento de los musulmanes Rohinga es una mancha en los esfuerzos mediadores de Oslo. Donde han fracasado los noruegos han sido acusados de sesgo ideológico, de querer suplantar organizaciones existentes u otros mediadores para su propio beneficio, de ingenuidad en comprender factores culturales y religiosos, de parcialidad y hasta de soberbia.

Mediar en la crisis venezolana, interponiéndose a otros escenarios ya existentes, con los anteriores fracasos del diálogo, sumado a sus propias falencias, es un gambito osado de los noruegos, cuya suerte es de pronóstico reservado.

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2019-05-21T22:00:00-05:00

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