Por: Columnista invitado EE

¿Por qué nos engordamos?

Parece simple, pero al observar el drama de la epidemia mundial de la obesidad, quedan muchas inquietudes sobre el complejo fenómeno de acumulación progresiva de grasa en el cuerpo. Es cierto que si se acumula tejido graso es porque la entrada de energía, es decir la comida, es mayor que la salida: una ecuación básica de suma y resta de calorías.

La complejidad de los fenómenos de regulación del apetito y la saciedad, la selección y preferencia de algunos grupos de alimentos y la cantidad de fenómenos de digestión, absorción y utilización de nutrientes es inmensa. Detrás de expresiones como “tengo hambre”, “no quiero ese plato” o “me muero por un chocolate” hay una red de señales bioquímicas dadas por la genética, el estado emocional, la edad y numerosos factores ambientales que afectan la cantidad y calidad de los alimentos que ingerimos. Se han invertido millones de dólares en el desarrollo de medicamentos para controlar el apetito, con resultados frustrantes por su poca eficacia a largo plazo o por los efectos secundarios negativos para la salud física y emocional.

Vale la pena resaltar que la mayoría de esfuerzos científicos y de salud pública se han concentrado en una parte de la ecuación y han descuidado lo que pareciera ser más importante: el gasto energético, la salida de energía. Es interesante ver cómo desde el punto de vista evolutivo, los seres humanos nos hemos mantenido en ingestas calóricas de cerca de 2.000 o 3.000 calorías por día. En promedio, los colombianos consumimos cerca de 2.000 kilocalorías cada día, pero más de la mitad del país esta gordo. Muchas personas, en especial las mujeres, han aprendido a vivir con restricciones permanentes de hasta menos de 1.500 kilocalorías diarias, pero la epidemia de sobrepeso y obesidad sigue creciendo inexorablemente.

El gasto de energía es igualmente complejo y también tiene determinantes genéticos y ambientales. En primer lugar está el gasto de energía en reposo, es decir, lo que necesitamos para vivir sin realizar ningún trabajo o esfuerzo físico. Este gasto, llamado también metabolismo basal, está regulado por el sistema endocrino, en especial por la glándula tiroides y por la cantidad de masa muscular que tengamos. El otro gran componente del gasto energético es, por supuesto, la actividad física diaria, que podemos clasificar en laboral ocupacional, transporte, recreación y tiempo libre. Al realizar ejercicio regularmente podemos incrementar el gasto calórico diario y semanal a niveles tan altos que la pérdida de peso se dará, aun sin mayores restricciones dietarias. El deporte es una oportunidad biológica que no debemos desperdiciar.

 


John Duperly *

* Especialista en medicina interna y doctorado en medicina del deporte.
www.johnduperly.com - @johnduperly

 

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