Por: Hernán González Rodríguez

Nos reconocen como el país de la cocaína

Para ciudadanos del común, como el autor de esta nota, resultan inaceptables ciertas noticias recientes. Algunos ejemplos. Holanda es el país de las flores; Colombia, el de la cocaína. Harto difícil entender que tenemos hoy una tasa de desempleo creciente y superior a dos dígitos e informalidad laboral del 60%, incluyendo el campo. Que la participación de la industria nacional en la producción bruta del país ha caído de participar en cerca del 25% del PIB en 1975, hasta desindustrializarnos y acercarnos hoy el exiguo 10% del PIB. Que de unos 40 millones de toneladas de alimentos que consumimos, importaremos en 2019 no menos de 12 millones de toneladas de productos casi todos cultivables aquí, que nos brindarían gran empleo formal.

El ejemplo más preocupante: al borde de la quiebra se encuentran cafeteros, bananeros, textileros, confeccionistas, marroquineros… por culpa en alguna medida de una tasa de cambio proimportaciones y antiexportaciones, tan baja que con los pocos pesos colombianos requeridos para comprar un dólar no alcanzan los reintegros en pesos para los exportadores a superar los aumentos domésticos acumulados durante casi 20 años en los salarios, en los servicios públicos, en los impuestos… Tan baja, que el costo de la materia prima en Colombia para confeccionar prendas de vestir es más elevado que el precio de venta de la prenda terminada de contrabando o subfacturada en el comercio colombiano.

Entiendo que el mandato de un banco central típico hoy en el mundo incluye casi todos los objetivos a continuación:

1. Estabilidad de precios, esto es, ni inflación, ni deflación. 2. Máximo empleo. 3. Tasas de interés moderadas a largo plazo. 4. Controlar el suministro de dinero por medio de las emisiones para depreciar la tasa de cambio relativa a otros países o para comprar bonos y otros activos financieros para superar las recesiones. 5. Ser el prestamista y banquero de los establecimientos de crédito. 6. Administrar las reservas internacionales. Estos bancos son independientes del Poder Ejecutivo y los ministros de Hacienda no participan en sus juntas directivas como sí acontece en Colombia.

Reconozco que no todos los economistas ni los bancos centrales están de acuerdo con algunos de los mandatos enumerados. La Junta Directiva del Banco de la República los autolimita y se encuentra muy satisfecha en el cumplimiento de sus tareas, en especial, con presentarle al país un índice del costo de vida con crecimientos bajos.

Pero no menciona nuestro satisfecho Banrepública que esto sucede en buena medida por medio de las importaciones de maíz, arroz, fríjoles, confecciones, zapatos… provenientes de países con elevados subsidios estatales, con barreras no arancelarias, sin reciprocidad comercial ni acuerdos comerciales con Colombia, con salarios de hambre, con tasas de cambio muy devaluadas, con bajas tasas de interés y exenciones tributarias para sus exportadores…

Reducir los dólares que provienen del narcotráfico se halla en la raíz de la solución de este problema. Pero solucionarlo no resulta ser posible de inmediato y en forma efectiva por múltiples razones, como son las imposibles fumigaciones aéreas con glifosato, por la ineficacia de la DIAN para incautar el contrabando y similares, y por la existencia de partidos políticos e instituciones judiciales que confunden la paz con unos acuerdos de paz tolerantes con los cultivos ilícitos, o sea, con continuar el conflicto.

Defender la producción, la agricultura y el empleo doméstico formal es la única solución. Insisto, “el libre comercio ni ha existido, ni existirá”. Apremia que el Gobierno cumpla y proteja con aranceles a sectores de la economía en los cuales se produce con competencia doméstica cuasi perfecta, donde no hay grandes monopolios, como los sectores cafetero, lechero, avícola, ganadero, confecciones, textiles, marroquinería…

Casi todos los bancos centrales deben emitir sus monedas anualmente en una suma cercana al crecimiento de su PIB del año anterior, con el fin de estabilizar sus precios domésticos. En Colombia también emitimos, pero le entregamos los pesos al Gobierno para sus gastos en lugar de pagar deudas. Una solución inmediata y, en mi modesta opinión, viable radica en que el Banco de la República compre de nuevo algunos dólares en la Bolsa de Valores, para prepagar nuestra elevada deuda externa. Algo ayudaría.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez

Subsidios agrícolas

Realidades inocultables

$30.000 millones para cada congresista

Carta a Mike Pompeo

¿Por qué cultivamos la coca?