Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Nosotras que nos queremos tanto

Cuentan que a don Tomás Carrasquilla no le gustaba que su hermana Isabel escribiera. Equis y Zeta son los seudónimos que ella usó como escudo para publicar dos comedias —Filis y Sarito y Pepa Escandón—. En apariencia, el maestro de las letras antioqueñas no la había emprendido contra todas las escritoras; de hecho, alabó la obra de doña Sofía Ospina de Navarro.

Doña Sofía tampoco estuvo exenta de tropiezos: a los 28 años, participó en un concurso literario en el cual obtuvo el segundo puesto. El jurado le negó la victoria porque consideró que un texto tan bueno no podía provenir de una pluma femenina. Creyeron que era obra de su padre, el intelectual Tulio Ospina.

Lejos de ser anécdotas caducas, actitudes de ese talante no pierden vigencia…

Tal vez, las diversas formas de discriminación de la mujer provienen del machismo; no obstante, todas no caben en el mismo saco. El espectro es generoso: desde el retardatario a quien todavía le causa comezón el voto femenino hasta el despabilado que no advierte que en su lugar de trabajo llueven las corbatas, pasando por el misógino pura sangre, o aquellas personas a quienes simplemente les importa un comino la equidad.

Hace casi diez años, asistí a la primera y única reunión de columnistas de mi vida (con esa tuve suficiente ilustración). Departíamos cuatro o cinco mujeres con un poco más de 15 hombres. Un curtido columnista aprovechó una pausa de silencio para exclamar: “¡Qué diría su papá donde leyera lo que usted escribe, Ana!”. Todavía me pregunto: ¿se hubiera dirigido a mí de la misma manera si mi padre hubiera estado vivo para responder?... ¿O si yo fuera un hombre?

Las historias pululan. No se trata de casos aislados. ¿Cuántas no hemos realizado trabajos y descubrimos posteriormente que, en el mismo lugar, a un hombre le pagan casi el doble por la misma tarea?

En Colombia, tres acontecimientos recientes han encendido las alarmas (por variar): la campaña de la nueva camiseta de la selección Colombia no fue lucida por una jugadora de la selección femenina, la disparidad entre escritores y escritoras en el evento literario en la Biblioteca del Arsenal en París, y la retrospectiva El cine colombiano: ayer, hoy y mañana, que inaugurará la Cinemateca Francesa, a la cual invitaron siete cineastas hombres. (Estos dos últimos eventos corresponden al año Colombia-Francia).

Ese tipo de mensajes provenientes del poder estatal son muy peligrosos. Y no solo porque desafían las normativas de género: Donald Trump dijo que a las mujeres hay que “agarrarlas por el coño”. Orondo llegó a la Casa Blanca.

Ni los anaqueles de mi biblioteca ni la lista de canciones de mi dispositivo se guían por leyes de cuotas. El criterio de elección no es “ser mujeres”, sino la calidad de la obra… pero con frecuencia el género parece nublar la vista.

Muchos prefieren denominar “medida transitoria” a la discriminación positiva de las mujeres (o leyes de cuotas). Dicho tránsito ha de continuar hasta domar a la bestia.

 

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