Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Noticia críminis

DESCONCIERTA LA LIGEREZA CON LA que el Procurador Ordóñez y los medios amigos suyos y del gobierno, le echaron tierra a la denuncia de Semana, según la cual se desechó un proyecto de fallo de la anterior Procuraduría, que proponía destituir a Diego Palacio y Sabas Pretelt por la “YidisPolítica”.

El “Absolvedor” declaró que la revista Semana divulgó el “fallo fallido”, porque tiene un interés político. Requerido por el periodista que lo entrevistaba para que precisara ese supuesto interés, Ordóñez no pudo responder. Su estilito ya apunta a dispararle a los medios que publican sus desaciertos.

Este asunto no puede despacharse sosteniendo que como el proyecto de la Procuraduría de Maya no se convirtió en decisión, no hay noticia. Todo lo contrario, comparando el fallo que sí fue con el que no firmó Ordóñez, pero que sí leyó y cercenó, es evidente que allí sí había una noticia, la de un posible crimen, “noticia críminis”, como dicen los penalistas.

Sí, si para absolver a los ministros, el Procurador mutiló 20 páginas del proyecto condenatorio en las que se analizaban los medios probatorios que sustentarían una sanción, más que un olvido eso parece un probable prevaricato.

En efecto, si Ordóñez recibió un proyecto de fallo condenatorio de los ministros, en el que se analizaban varias pruebas que los incriminaban, pero los absolvió sin referirse a esas evidencias, todo parece indicar que profirió, a sabiendas, una decisión manifiestamente contraria a la ley, que es lo que el código penal (art. 415) tipifica como prevaricato.

Ordóñez debió analizar todas las pruebas y cuestionar su credibilidad, inclusive las que sustentaban el proyecto de fallo sancionatorio. Lo que no podía hacer era ignorarlas, ni menos aseverar que no había más pruebas, porque sí las hay.

¿De Absolvedor a Prevaricador? Eso lo establecerán la Fiscalía y la Corte, autoridades competentes para juzgar a Ordóñez, penal y disciplinariamente, pues él no es intocable. Su arrogante expresión “A Rey muerto, Rey puesto”, con la que ha pretendido justificar su imborrable pecado, lo retrata de cuerpo entero. Ni en la tormentosa Procuraduría de Vásquez Velásquez, vimos tanto horror, como del que ha sido capaz Alejandro Ordóñez en tan pocos días.

Los más afectados con la decisión de Ordóñez son los propios ministros exonerados, quienes por más que se esfuercen por mostrarse ajenos al cohecho de Yidis, no convencen al país de su precaria inocencia. Este litigio, primero con proyecto de condena y luego con absolución final, hiede.

La altanería de Diego Palacio, ante la contundente columna de Daniel Samper, fue una bobería, en especial su torcida tesis de que a un testigo se le cree todo o nada. La indivisibilidad de una declaración sólo opera frente a la confesión de un reo, jamás del dicho de un testigo, y Yidis en la Procuraduría no fue rea. A propósito, insólita la revelación del ministro Palacio, según la cual antes de su absolución supo de la existencia de dos proyectos, uno condenándolo y otro exonerándolo. Resultó ser cierto el “rumor”. ¿Cómo se enteró? ¿Acaso más “chuzadas” y seguimientos de los que hace este gobierno corrupto? Ya se sabrá.

Adenda. Se hizo elegir tres veces, cambió la Constitución para reelegirse, tuvo el 92% de popularidad, acabó con la guerrilla, se apoderó de las Cortes y los medios, aniquiló el Congreso, hostigó a opositores y críticos, su imperio se cayó por una agencia de inteligencia que dirigía en la sombra su asesor preferido, pero ese otro presidente, Alberto Fujimori, hoy purga 25 años de cárcel, por homicida y secuestrador.

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