Noticias malas y buenas

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Recorren mi mente una serie de malas y buenas noticias. Mucha incertidumbre, pero también bastante esperanza sobre el fin de toda esta tragedia desatada por la fuerza y la ira con que el coronavirus ha golpeado al mundo.

El coronavirus ha retado a gobernantes, empresarios y ciudadanos como quizás nada lo había hecho en la historia más reciente. La capacidad de acertar o errar al gobernar y las buenas, regulares o malas decisiones de los líderes políticos y empresariales son el pan de cada día. No se habla de nada más.

Este virus ha cohibido, transformado o eliminado todo tipo de actividades, negocios e incluso hasta la visión misma de la vida. Ha trastocado el funcionamiento de la institucionalidad, no solo en lo complejo de ejercer el poder ejecutivo, sino en la enorme dificultad en poner a funcionar adecuadamente el legislativo y la justicia, todos pilares de la democracia. Un mundo patas arriba.

Ganas de salir adelante, de reinventarse, de buscar oportunidades, de aprender a vivir en una “nueva normalidad” o de aguantar son lo que le sobra a la gente en el mundo. Sin embargo, no es para nada fácil, porque por más capacidad que exista para adaptarse a esta “nueva normalidad”, lo cierto es que el ser humano también se apega a sus tradiciones, a su forma de ser, a sus raíces y a su manera de hacer las cosas.

Un mundo no solo preocupado y expectante sino en gran medida atónito y frustrado por el aumento de los contagios, que en cifras oficiales superaron ya los 16 millones y los muertos ascienden a 600.000, es una enorme barrera para instrumentar políticas efectivas para salvar la economía mundial, pues lo que hoy puede hacerse no va más allá de aplicar paliativos que permitan sobrevivir a algunos mientras se encuentra una solución para regresar a la “antigua normalidad”.

Empresas muy importantes, millonarias, líderes en sus sectores y con supuesta capacidad para reinventarse han sucumbido en el intento. Por más que lo buscan, esta “nueva normalidad” no les permite ni adaptarse ni aguantar. Crisis, quiebra, reorganización empresarial, insolvencia, Capítulo 11 o como lo quieran llamar es el camino por el que transitan hoy muchísimos emporios como Hertz, Latam, Circo del Sol, Avianca, J. Crew, Aldo, Mavic, Perini Navi, Whiting Petroleum, Aeroméxico, Lufthansa, Tyson Foods; Neiman Marcus y J. C. Penney, y miles y miles más, allá y aquí, lo cual es síntoma de que día tras día la cosa será peor, sobre todo porque se prevé un desempleo cercano al 28% y crecimientos negativos de la economía del 8 o 9 % para este año.

La estrategia efectiva no parece ser otra que la de ganar y ganar tiempo. La economía solo se reactivará en la medida en que regresemos a la “antigua normalidad”, para lo cual será absolutamente necesario o encontrar un tratamiento efectivo o una vacuna.

Y es aquí en donde aparece la esperanza. Dentro de cientos de investigaciones que se están haciendo en muchas partes del mundo, la Universidad de Oxford ha dado a conocer que, según los resultados iniciales, su vacuna contra el coronavirus, que ya se encuentra en Fase 3 (prueba en humanos), “es segura e induce una reacción inmune temprana”.

Ojalá así sea. De lo contrario, esto se pondrá cada vez más y más difícil, pues para nadie es un secreto que en aquellos países en donde ya pasó el pico epidemiológico están apareciendo rebrotes que generan más preguntas que respuestas y que hacen más que indispensable, que pronto aparezca la tan anhelada vacuna.

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