Por: Hernando Gómez Buendía

Las noticias que no son

Colombia tiene problemas reales, como la pobreza, la pavorosa destrucción del medio ambiente o la ineficiencia aparatosa de un Estado que emplea alrededor de dos millones de personas que no nos dan seguridad, ni justicia, ni educación de calidad, ni casi nada distinto de trámites, molestias, impuestos y conflictos.

Y sin embargo —o mejor dicho: por eso— los medios nos distraen cada día con noticias que ocupan muchas horas, pero no son noticias, sino el mismo desfalco con detalles distintos: la pelea de Uribe contra Santos, el enésimo atentado de las Farc, la inundación y la sequía tan previsibles como las medidas de emergencia inútiles, el proyecto de ley o de reforma que no reforma nada, los desplantes del fiscal, o del procurador, o del alcalde, en fin, el ritornello eterno.

Y la fiesta es más grande cuando los periodistas y los comentaristas se embocan en la noticia, pero la toman por el lado que no era. Para la muestra tres botones de estos días:

- Los bogotanos estamos desesperados con el trancón (duración del viaje promedio: 1 hora 43 minutos), y esta semana, por fin, nos confirmaron que habrá metro. Pero el anuncio se viene repitiendo nada menos que desde 1954, y esta vez la noticia verdadera es que el metro quedó enterrado del todo porque cuesta tres veces más de lo que habían pensado.

- El principal enemigo de Colombia son las Farc, y el comandante de las Farc se llama Timochenko; por eso causó escozor y debate que el presidente hubiera autorizado sus viajes a La Habana. Pero el punto era otro: que el presidente no le había contado a su ministro de Defensa, y que por tanto no podía garantizar la seguridad de Timochenko. ¿Será que el presidente no confía en su Ejército, o que los generales andan tramando marranadas?: esa era la noticia.

- Filtraciones, columnas, entrevistas babosas de Julito o de Néstor Morales porque el gobierno Uribe trató de negociar con la guerrilla. Como si no hubieran gastado tantas babas en torno al “intercambio humanitario” o al despeje de Pradera y Florida. Como si los nueve presidentes desde López Michelsen no lo hubieran deseado e intentado. Como si —sobre todo— la historia no pasara, o como si las condiciones para negociar con la guerrilla que recibió Santos no fueran radicalmente distintas de las que tuvo Uribe.

Esa olímpica y total ignorancia de la historia puede ser condición para que los medios hagan noticia de lo que no es noticia, o para que los julitos y los morales (corrección: amorales) reciban premios (y contratos). Pero es también un asalto permanente al patrimonio público, porque distrae a los ciudadanos en las cosas que no son o los confunde con las cosas como no son.

El problema más grande de Colombia son sus medios de comunicación.

Director de Razón Pública.

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2014-10-17T20:15:29-05:00

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