Por: Columnista invitado

2016: ¿la democracia está muerta?

Primero, el brexit. ¡Cómo la democracia nos ha fallado! ¡En la gente (ignorante) no se puede confiar! ¡Qué estupidez darle voz y voto sobre un tema —en esencia, el futuro— tan transcendental!

Segundo, el No. ¡No! ¡Qué país de ignorantes! ¡Qué gente tan mezquina, torpe, crédula! Y de nuevo, críticas a la democracia, que nos había condenado a la continuación de la guerra.

Y ahora, Trump. Un idiota elegido por idiotas. Si el brexit puso en duda tanto el futuro de Europa como el del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el No puso en duda el futuro de Colombia, la victoria de Trump pone en duda el futuro del mundo entero.

Pero… ¿qué hemos visto después de cada desastre? En el Reino Unido, manifestaciones, creatividad política, un auge en búsquedas en internet sobre la Unión Europea. Se ha planteado una discusión sofisticada sobre los derechos del ciudadano en un mundo interconectado, un ciudadano no sólo nacional, sino también internacional. Hemos visto nada menos que el resurgimiento de la democracia y es posible que el brexit no pase porque, finalmente, una mayoría de personas empezó a actuar como ciudadanos, sujetos políticos y no como meros consumidores.

En Colombia, lo mismo. Primero un acuerdo entre pocos; luego una campaña por el Sí al que, por tomar la aprobación del acuerdo como un fait acompli (hecho cumplido), le faltaba inspiración (si no amenazas). Pero después: manifestaciones, apertura y diálogo, renegociaciones; nada menos que la vida democrática recargada. ¿El resultado? No la continuación de la guerra, sino un nuevo acuerdo, resultado de una convergencia verdaderamente democrática.

En EEUU., investigaciones y propuestas para posibles reformas del sistema electoral, movilizaciones, un interés en la política en todos los sectores de la sociedad como no se ha visto desde hace muchísimo tiempo.

¿Qué habría pasado en cada caso si la democracia del consumidor, la democracia moribunda, hubiera entregado el resultado “correcto”? Cada país en cuestión habría quedado en manos de los tecnócratas. Las cosas habrían seguido como hasta ahora, consumidores en vez de ciudadanos empoderados por la globalización y deleitándose en sus centros comerciales físicos y virtuales, reduciéndose a políticas de consumo y en todo caso cada vez más distantes de sus compatriotas desempoderados por las mismas lógicas de la globalización.

Incluso en Colombia, el fin del conflicto con las Farc en absoluto prometía (promete) el fin de la corrupción, de la cleptocracia, de las oligarquías de toda la vida. Pero la ciudadanía por fin está despierta. Toda la historia ha sido la lucha por la ciudadanía. Apenas la hemos ganado y casi la dejamos escapar. El lema es inequívoco: ¡Qué viva la democracia!

 

*Gregory J. Lobo

 

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