Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Nubarrones policiales

En nada terminó ese experimento del Gobierno de integrar una comisión de notables para que presentara una propuesta de reorganización de la Policía, entre otras cosas para combatir la corrupción que la agobia. Lo que sabemos es que esa importante comisión hizo su trabajo y rindió sus conclusiones, que el Gobierno mantiene en secreto mientras en la Policía todo va de mal en peor.

La ciudadanía tiene miedo de la Policía. Si alguien camina en la noche en una oscura calle y la Policía lo detiene para una revisión de rutina, es bien previsible que ese ciudadano inerme sospeche que lo van a atracar. Y no es para menos, las noticias que diariamente estamos recibiendo de los enredos y escándalos en los que están comprometidos agentes de la policía no son tranquilizadores.

No hay duda de que la corrupción está generalizada en todo el país y en todas las instituciones, tanto públicas como privadas, sobre todo en las últimas. Pero donde más daño está haciendo la corruptela, al extremo de horadar la confianza colectiva, es en los ruidosos sucesos que sacuden a la rama judicial y también a la Policía.

Algo tiene que estar pasando muy grave en la Policía porque lo de ahora es una situación dramática e insostenible. La detención del segundo hombre de la Policía en la capital de la República, al parecer comprometido en un crimen acaecido en Cali de un profesor de izquierda que resultó ser primo del senador Iván Cepeda, a quien previamente torturaron y luego le aplicaron la pena de muerte, no es cualquier cosa. Ni tampoco lo son las capturas recurrentes de oficiales que se ponen el uniforme y se dedican a la innoble tarea de delinquir o a maltratar a las gentes de bien.

Y pasan cosas extrañas en la Policía, sobre todo desde cuando los generales Jorge Hernando Nieto y Ricardo Alberto Restrepo se desempeñan como director y subdirector. Lo digo porque desde hace varios días vengo, con precarios resultados, presentando derechos de petición para que se me suministre información sobre el sujeto Jorge Luis Henao Arango, quien además de que está condenado por narcotráfico en Panamá y por violación de menores en Colombia, durante años se ha pavoneado como amigo del general Restrepo, desde cuando este fue comandante de la Policía en el Valle del Cauca. Tal es su cercanía que se incorporó como miembro muy activo de las Redes Cívicas-Policiales adscritas a la Policía de mi tierra, sin que entonces los mandamases de la Policía se hubieran enterado de que se trataba de un oscuro personaje con peligrosos antecedentes judiciales. La respuesta que dio el general Restrepo a esta insólita situación cuando la divulgué en esta misma columna, fue la de que cuando él llegó a comandar la Policía en Cali ya estaban conformadas esas malhadadas redes, es decir, que todo había sido a sus espaldas, pero, eso sí, se cuidó de no referir que durante los tres años que se desempeñó como comandante nunca se enteró del impresionante prontuario criminal de su buen amigo y contertulio Henao Arango.

Pues bien, cualquier solicitud que se formule al general Nieto para que suministre información o documentación que permita establecer la proximidad del sujeto Henao Arango con la Policía nunca ha sido atendida con prontitud ni buena voluntad. Siempre hay un obstáculo o a alguien se le ocurre que lo indagado es reservado porque tiene que ver con la famosa Red Cívica-Policial en el Valle, de la que hizo parte Jorge Luis Henao Arango, si es que todavía no sigue siendo activo miembro de la misma, para sorpresa e indignación general.

El Gobierno debe tomar el toro por los cachos y ejecutar las recomendaciones de la comisión de notables sobre lo que está pasando en la Policía, que no son simples “casos aislados”, sino una costumbre letal de una institución que no protege, pero que sí intimida. ¿Qué dirá el ministro de Defensa?

Adenda. El poeta, jurista y estudioso Javier Tafur González, entrega a la comunidad jurídica y literaria el interesante libro Las acciones discursivas en la polémica judicial, estudio del proceso Jorge Isaac 1861 – 1864, tesis doctoral publicada por la Universidad del Valle. Gran aporte a esta centenaria polémica que no cesa.

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