Por: Juan Pablo Calvás

Nuestra ‘Bibliocracia’

En Cartagena, el mes de la Biblia. En Santa Marta, reflexión bíblica diaria en el concejo municipal. En Bogotá, el halloween es satánico. ¿Nos volvimos una ‘bibliocracia’?

 Y ojalá ‘bibliocracia’ fuera el gobierno de los libros, lleno de debates sobre verdaderos conceptos de sociedad y pobreza, discusiones filosóficas sobre el estado, la reelección y los derechos, pero no. Nuestra ‘bibliocracia’ es el gobierno de la Biblia. Así, con mayúscula. La Biblia de los salmos, los evangelios, los apostoles y el apocalipsis.

Comienzo por aclarar que esta no es una columna contra una religión, una iglesia o un culto. Usted, querido lector, puede hacer en su casa, iglesia, templo, carro o espacio íntimo de su preferencia lo que quiera. Le respeto sus creencias, así como espero usted respete las mías. Sin embargo, no deja de ser perturbador la manera en que poco a poco las creencias religiosas de algunos terminan permeando la realidad política del país y las regiones.

No me voy a detener en el santo rosario de las inquinas del Procurador, a saber: aborto, matrimonio igualitario y adopción por homosexuales. Echemos más bien un vistazo al colorido panorama de la ‘bibliocracia’ regional con un par de ejemplos.

¿Sabía usted que en el concejo de Santa Marta leen una reflexión bíblica antes de comenzar cada sesión? Más allá del bálsamo espiritual que para algunos representa esta llamada reflexión, alguien me puede explicar el interés político de semejante idea.

Hasta donde tengo entendido en despachos públicos una persona puede tener un crucifijo o una imagen de la virgen, pero una cosa es una estampita y otra obligar a que el pleno del consejo escuche las palabras del sagrado libro para los cristianos. Algunos dirán, si no le gusta sálgase del recinto. ¡Pues no! Ese recinto es del pueblo y debe respetarse el estado laico.

Ahora una historia similar llega desde Cartagena, donde a una ocurrente concejal se le dio por crear “el mes de la Bilbia”, supuestamente para promover un mejor entorno familiar, comunitario y educativo. Dice el proyecto que “el uso de la Biblia” ayuda a “caminar por los senderos que reclama la familia y la sociedad cartagenera.” ¡Hágame el favor! Entonces el problema de Cartagena no es la corrupción, sino la falta de Biblia. ¡Haberlo dicho antes!

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#PreguntaSuelta: ¿Horacio Serpa no está como grandecito para andar haciendo pataletas sobre primeros y segundos lugares?

@colombiascopio

 

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