Nuestras parejas o exparejas no pueden obligarnos a parir

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La semana pasada en Colombia, un hombre lanzó en redes sociales una campaña para negarle a su expareja el derecho a abortar. No voy a mencionar ni su nombre ni el hashtag, pues no quiero hacerle más ruido a una campaña infame que pone en peligro la salud física y mental de la mujer a quien este tipo intenta exponer frente a todo un país, negándole el derecho a decidir sobre su cuerpo y divulgando parte de su historia médica, lo cual viola su derecho a la privacidad y la pone en peligro potencial. A pesar de ser una campaña revictimizante, cuyo objetivo es negar derechos, se hizo viral porque hace preguntas que aún resuenan con muchas personas: ¿por qué nuestras parejas o exparejas no pueden decidir si abortamos o no? ¿Si el material genético de un hombre hace parte de un embarazo, significa que por eso él puede decidir sobre el cuerpo y la vida de la mujer embarazada? Y la respuesta es sencilla: no, claro que no. Obligar a una mujer a llevar a término un embarazo no deseado, obligarla a parir cuando no quiere hacerlo, pone en riesgo su salud y su vida, la anula como sujeto de derechos y es tortura. Pero la pregunta resuena, porque para muchas personas en Colombia una mujer embarazada es una ciudadana de segunda, un medio para un fin: reproducir personas.

No podemos saber bajo qué causal se ampara esta mujer para reclamar su derecho al aborto, pues esto sería violar la privacidad de su historia clínica, pero sí podemos saber que este es un aborto legal: en Colombia la causal de salud incluye la salud mental y todo embarazo no deseado que afecte la salud mental y el plan de vida de una mujer puede ser interrumpido legalmente y sin limitación por semanas. Sabemos que su embarazo está avanzado porque su expareja ha divulgado su historia clínica con el argumento de que él sí quiere ser papá. ¡No quiero imaginarme el tipo de padre que sería un hombre que es capaz de hacerle algo tan violento a su expareja! Sin embargo, esto ha dado pie para que muchas personas se sientan con derecho a opinar sobre la vida y las decisiones de esta mujer, argumentando que, como el embarazo está tan avanzado, tendríamos que obligarla a parir en contra de su voluntad. ¡Tenemos en muy baja estima a las mujeres si somos capaces de pensar tamaña crueldad!

Y, en medio del debate, brilla por su ausencia la pregunta por la responsabilidad de los hombres sobre sus vidas reproductivas. Por ejemplo, hay hombres que se inventan que alguna mujer se “embarazó de ellos a la fuerza”. Pero eso es imposible. Si no quieren que una mujer se embarace al coger con ellos, pueden usar un condón o hacerse la vasectomía, pero una vez las cosas empiezan a pasar en otro cuerpo que no es el de ellos, no les corresponde decidir. ¿Y qué pasa si el tipo sí quiere ser papá soltero? Pues puede adoptar, o puede ir y convencer a alguna otra mujer de tener un hijo con él sin que sea forzado y obligado.

Algunos medios de comunicación cayeron en la trampa del tipo y ahora están buscando a la mujer como para obligarla a un careo violento con su ex. Otros se han regodeado en juzgarla como si las decisiones que ella toma sobre su vida y sus motivos personales fueran objeto de debate público. Al hacerlo, desinforman a las mujeres y las asustan, creando aún más barreras de acceso para el derecho al aborto, un derecho ratificado múltiples veces por la Corte Constitucional como un derecho fundamental. Reclamar nuestro derecho a la autonomía corporal significa que solo nosotras podemos decidir sobre lo que pasa dentro de nuestro cuerpo. Tenemos que entender que solo cada mujer sabe lo que es mejor para su vida y su salud, y ni el Estado ni ninguna otra persona nos puede imponer esa elección.

@Catalinapordios

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