Por: Iván Mejía Álvarez

Nuestro fútbol

Los únicos equipos realmente confiables hasta el momento en el campeonato parecen ser el líder Real Cartagena y el campeón Medellín. Los otros son la mata de la irregularidad, pueden ganar y perder con cualquiera.

Esa parece ser la palabra clave del torneo en este primer tercio y cuando vienen 15 días de reposo antes de las próximas batallas, con la jornada de clásicos.

Se ven buenos partidos, aislados, en un marco donde los equipos parecen querer acelerar en el trámite de la pelota, siendo más rápidos en el desdoblamiento, entendiendo que las transiciones resultan vitales para el fútbol de hoy. Se marcan golazos, muchos de ellos con pelota quieta gracias a la efectividad de auténticos especialistas en el cobro, como Marangoni, Hernández, Valencia, Bustos y Morantes.

Es sorprendente el gran nivel del líder cartagenero. Un equipo moderno en su fútbol, doble línea de cuatro, con salida por los costados y con Milton Rodríguez en vena, un goleador que se “reinventó” luego de sus fracasos en Millos y Tolima. El técnico Húbert Bodhert resulta una agradable bocanada de aire fresco para el fútbol para intentar salir de los mismos con las mismas. Bodhert no forma parte de la “recicladera” de técnicos que aburre tanto. La gente en Cartagena está feliz, asiste al estadio y acompaña, es decir, están viviendo la fiesta de ver a su cuadro encumbrado en la cima.

En Barranquilla quieren digerir rapidito la eliminación de la Copa Santander. Los aficionados le han apostado muchas fichas a Umaña y su prédica de un fútbol ofensivo. En la cancha ese concepto de jugar diferente no se manifiesta y Júnior también sale a defenderse y sacar resultados, como lo hizo durante el fin de semana ante el Medellín. Y el propio técnico ha tenido que aceptar que con Giovanny y con los jugadores que tiene el módulo puede ser distinto porque, como se lo ha dicho la afición, a “Giovanny no se le toca”, así juegue a muchas revoluciones menos de lo que Umaña desearía.

El caso de Nacional resulta traumático. Se defiende mal, se arma mal, concluye mal. Desde que Cabrero dijo que se marchaba una vez terminado su contrato, nada parece salir bien al equipo más poderoso en la parte económica. Este no es un equipo de fiar, se pierde, desaparece de la cancha, se ilumina por pasajes, depende demasiado de Moreno, quien se sigue tirando mucho al piso pero marca gol tras gol. Así es Nacional, muy rico en el escritorio apenas para el gasto en la cancha.

Valencia, el lateral del DIM, juega bien; Carbonero, el del Huila, es un magnífico prospecto; Muriel del Cali es toda una novedad; interesantes Ulloque y Mosquera, en Millos; lo mismo que el volante López, del Medellín, y los jóvenes del Cartagena. El fútbol se sigue renovando con ley Sub 18 o sin ella, por convicción o por obligación, siempre salen figuras a las que hay que seguirles la pista. Ese es, al final de cuentas, nuestro fútbol, el que tenemos.

 

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