Por: Laura Juliana Muñoz

Nuestro guardalluvias

Fazal Elahi ofrece toda su fortuna a quien encuentre un consuelo para su pérdida. Por fortuna, se refiere a los tapices que, en el fondo, son el tejido de su historia, o esas conversaciones que surgen de un pasaje del Corán o de fragmentos persas. Pero esto nadie lo sabe, y a la puerta de su casa llegan cientos de personas con soluciones inútiles a cambio de dinero: véngate, escribe cartas al cielo, entrégale tu dolor a Alá.

Dónde están los paraguas (Panamericana Editorial), la novela que trae este año al escritor portugués Afonso Cruz a la Filbo, habla de esa duda honda a la que estamos destinados: “¿Para dónde va nuestra memoria, nuestra infancia, nuestros guardalluvias?”.

“Nunca nadie encuentra los paraguas (o la metáfora del ser amado, o incluso de algún ideal), mas toda la gente los pierde”, escribe Cruz, pues el problema al que se enfrenta el protagonista es que no hay reemplazo alguno de lo que se ama y no está. Sin embargo, sí es posible volver a sonreír, ya que la felicidad siempre acepta un bocado de tristeza. Esa es la propuesta de Nachiketa Mudaliar, el hindú que llega a la casa de Elahi, quien además le sugiere adoptar a un niño que haya nacido en el mismo país de sus enemigos. Ese niño se llama Isa y, al igual que Krishna, tiene el universo entero dentro de su boca.

Mudaliar también busca su propio paraguas: “Imaginaba estar aspirando por la nariz bocados de Aminah (la mujer amada), bocados enteros con olor a canela, que él hacía circular por los canales ida y pingala y por todos los chacras, del perineo a lo alto de la cabeza”. Y, a su vez, los demás personajes, como Badini, el poeta mudo que cada año visita un árbol, no por el árbol mismo, sino para ver mejor el cielo a través de sus ramas.

Dónde están los paraguas contiene decenas de microrrelatos, personajes, aforismos, ilustraciones y fotografías del propio autor que se abrazan en conexiones inesperadas. Es, por así decirlo, un libro en forma de muñeca rusa. Afonso Cruz además fortalece sus tramas con elementos de poesía, filosofía, historia y religión (cristianos, musulmanes e hindúes comparten la misma mesa para hablar de sus sabios y sus libros sagrados).

La pérdida, el amor y la muerte son temas de fondo que, dichos así, suenan como inabarcables cuestiones de la humanidad. Pero justamente lo que logra esta novela es trabajar con paciencia los detalles o las banalidades, si se quiere: “Llenaremos el mundo de cosas preciosas. Serán tantas que los hombres pasarán por encima de ellas juzgándolas banales”.

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