Por: Antonio Casale

Nueva sangre

Wilson Gutiérrez y Flavio Torres representan la nueva sangre del fútbol colombiano. Con sobrados méritos han logrado para sus equipos, Santa Fe y Pasto, el cupo a la final.

El entrenador de Santa Fe calla bocas a diestra y siniestra. Gutiérrez demuestra que no se es bueno por joven o por viejo sino por bueno. Superó la crisis de comienzo de campeonato. Supo mantener a su grupo unido, aun sentando a los referentes, Bedoya y Centurión, a quienes a pesar de ello supo mantenerlos conectados con el equipo en su rol de líderes, gracias a su madurez. Los dos veteranos, lejos de partir el grupo, se siguen matando por un puesto en la titular.

Cuando Santa Fe no ganaba, pero tampoco perdía, el mundo se fue encima de Gutiérrez. Se decía que era inexperto, que no tenía orden táctico ni sabía leer los partidos. Se dijo que no gobernaba y que entre Bedoya, Centurión, Pérez y el mismo Julio le armaban la formación. Wilson demostró que sabe manejar las presiones y que para ser un buen líder no es necesario llevarse el protagonismo. Los importantes son los jugadores y a él parece no molestarle. En lo futbolístico, ha sabido mostrar variantes, no se casa con un solo esquema y rota correctamente la nómina, manejando adecuadamente el estado de ánimo de los suplentes, sin importar su linaje.

Flavio Torres confirma que esa escuela de entrenadores tolimenses, cuyo mentor es Jorge Luis Bernal, de la cual ya conocemos las cualidades de Hernán Torres, tiene mucho para aportarle al fútbol criollo. Tal como sucede con los equipos de Bernal y Torres, Flavio ha hecho de un modesto grupo de jugadores, un colectivo interesante, conformado por algunos jugadores experimentados, aún hambrientos de gloria, combinados con otros jóvenes prospectos.

Entendió que el primer paso para obtener logros importantes era hacerse fuerte como local. Pasto es una ciudad incómoda para los visitantes, no sólo por la altura, sino por lo dispendioso que significa desplazarse a una ciudad que, aunque muchos quisieran omitirla, forma parte de Colombia y merece ser tenida en cuenta como tal.

Lo segundo era armar un grupo tácticamente aplicado, conocedor de sus debilidades, que necesitaba mucha concentración para equivocarse lo menos posible, y Torres lo logró. Ese es el Pasto, un equipo aplicado, que comete pocos errores sin la pelota y procura ser efectivo en el ataque.

Independientemente de quién gane, lo logrado por Gutiérrez y Torres ya es ganancia, que hace rato necesitaba de un nuevo aire de entrenadores, no porque los viejos no sirvan sino porque la renovación es sinónimo de evolución.

 

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