Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Nueva visión y retos sociales

ERAN MUCHOS LOS QUE PENSABAN que el país no podía seguir sin Álvaro Uribe, que era difícil un cambio y que las cosas debían continuar como estaban; gracias a Dios, sí se puede seguir sin Uribe y las cosas buenas continuarán con otro liderazgo, el de Santos.

Los cambios son efectivamente buenos no sólo en la forma de hacer las cosas sino porque contamos con una nueva visión para afrontar la realidad que vivimos.

El cambio es bueno para la democracia pues la renovación política en países como el nuestro es necesaria. Hasta ahora el presidente Juan Manuel Santos lo ha hecho bien generando seguridad y optimismo en la población, aun y a pesar de la bomba de la semana pasada. El gabinete ministerial es bueno, pues los ministros son profesionales calificados por su experiencia, conocimiento y compromiso para hacer las cosas. Además por fin se siente que hay ministros y un equipo que tiene un derrotero establecido claramente por Santos en su discurso de posesión. En esta ola transformadora hay que agregar el restablecimiento de las relaciones con los vecinos: la presencia de Correa en la posesión y la reunión con Chávez muestran una política exterior de diálogo y un carácter más conciliador y menos guerrerista que el de su antecesor y, aunque no todos los temas están resueltos, parece que el comercio entre Colombia y Venezuela y Ecuador seguirá adelante.

En este ambiente optimista que respiramos, son numerosas las tareas y a la vez promesas planteadas, especialmente en el campo social; la prosperidad democrática no sólo ofrece retos en cuanto a lo que ha de hacerse sino con qué recursos, pues es evidente que el tema del déficit fiscal es complicado. Trabajar por la pobreza y el empleo son compromisos públicamente adquiridos. Y en cuanto a la pobreza es más que evidente que se debe hacer algo más que dar subsidios como los de Familias en Acción, que están bien por un tiempo pero que requieren de una revisión profunda, pues mucho pescado se ha dado y poco se ha enseñado a pescar. La pobreza es alta y la brecha entre ricos y pobres cada vez más profunda, de manera que la presencia del Estado en sectores marginales deja mucho que desear en servicios básicos, en salud, educación y vivienda.

El desafío en materia de salud es el más complejo pues no sólo se recibe un sistema que no es viable sino que está quebrado, así que es necesario buscar un equilibrio financiero con un nuevo sistema de financiación y controles más estrictos a las distintas instituciones del sistema, al igual que se debe mejorar la calidad de la prestación del servicio que se ha deteriorado en algunas EPS; igualmente se deberían dedicar más recursos para programas de prevención. En educación el tema radica en mejorar la calidad de la primaria y secundaria ante el aumento de cobertura e igualmente buscar un mayor acceso y financiación a los estudios superiores, bien sean técnicos o universitarios; en comunicaciones los retos están orientados a tener una mayor cobertura tecnológica con un mayor acceso a la red y computadores para todos; en vivienda la meta es la construcción de más de un millón de casas para cubrir menos del 30% de déficit habitacional.

Son numerosos entonces los frentes a atender: los jóvenes, la educación y el desempleo, los niños y la nutrición, el agro y la ley de tierras… Ojalá, como este gobierno lo ha anunciado y prometido, la política social acompañada de la económica tenga una mayor relevancia. Todos queremos que las promesas sean una realidad.

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