Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Nueve de abril

“¡CANES, MINERO, ARTISTAS, EL ÁRIDO recinto que os encierra consume vuestros míseros despojos!”.

Esta es una de las varias exclamaciones de Anarkos, poesía escrita por Guillermo Valencia en 1899. Explica Valencia que perros, mineros, artistas (músicos y escultores) y todos otros “miserables” se resisten a “la jaula de la miseria”, pero “con brazo de adustos domadores y el ojo sin ternura, ¡los enjaula la codicia sin fin de los señores!”. La pieza literaria se sumó a los éxitos del autor (Enrique Santos Montejo escribió que sus versos enloquecían “a la muchachada de principios de siglo” y “estaban en todos los labios”).

De acuerdo con un análisis publicado por el Instituto Caro y Cuervo, Valencia “enfrenta el problema de la desigualdad social” y expresa “la conciencia creciente de los valores raciales”. Sin embargo, en la cotidianidad del Cauca, departamento dónde nació e influyó, el autor no demostró interés por los “valores raciales”. De hecho distintos autores coinciden en que Valencia, quien fungió como gobernador del Cauca, fue uno de los principales críticos del dirigente Manuel Quintín Lame, para entonces “Jefe, Representante y Defensor General” de los cabildos indígenas de Pitayó, Jambaló, Toribío, Puracé, Poblazón, Cajibío y Pandiguando.

Como ministro de guerra, Valencia atacó las ideas de Quintín Lame sobre recuperación de tierras, consolidación de los Cabildos y reivindicación cultural. No sólo desde su posición como hombre de letras (llamándolo públicamente “sedicioso”, “instigador de una lucha racial” o “asno montes”), sino con encarcelamiento y represión. Por su parte, el dirigente indígena se defendió: “No acepto los insultos que me hace el doctor Guillermo Valencia (…) si la pluma del Doctor Valencia sirve para escribir “Anarcos”, la pluma del indio Manuel Quintín Lame servirá para defender a Colombia”.

El mentado poema lo encontré fácilmente en internet, en un viejo blog firmado por la actual senadora Paloma Valencia, bisnieta del finado Valencia. Ambos Valencias, modelo 1915 y 2015 respectivamente, hicieron declaraciones que ofendieron al pueblo Nasa. Pero mucho ha cambiado en el medio. Mientras las declaraciones actuales de la senadora fueron recibidas con desconfianza, las de Valencia en su día tuvieron efectos inmediatos. En “El indio que se educó en las selvas Colombianas”, Lame recuerda: “el doctor Guillermo Valencia unido con un puñado de hombres no indígenas que lo secundaron de la alta aristocracia del Cauca a divorciar o destruir mi pensamiento por medio de la barbarie y el cinismo, mandándome a encerrar en un calabozo y ordenando se me pusiera en los pies una barra de grillos de veintiocho libras durante un año incomunicado, orden que fue cumplida y consta en auto en el Proceso que está archivado”.

Gracias, en parte, a Lame y su legado, el movimiento indígena ha sido en cien años protagonista de diversas luchas, reivindicaciones y reveses. Y han cambiado tantísimas otras cosas. La coca, las Farc, los paras, las rutas, las ciudades, la literatura, los partidos. Pero esto no significa que no sobrevivan discriminaciones (terratenientes con servidumbre, violencias de la fuerza pública); rabias (el 85 % de las tierras que les entregaron en la parte alta de las montañas hacen parte de reservas forestales y páramos, por lo tanto no les sirven para trabajarlas) y silencios (con respecto a la situación de la población negra en la zona).

 

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