Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Nuevo año: exijamos mejor aire

En 2017, uno de los retos ambientales y de salud pública más importantes para las ciudades colombianas es mejorar la calidad del aire.

Según informe del Ideam (2016), en un 25 por ciento de las estaciones de monitoreo existentes en el país se excedieron los límites máximos de contaminación establecidos por la normativa colombiana, que es mucho más laxa que los fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 2014 fue el año en que más se incrementó la contaminación del aire. Los tubos de escape de camiones, buses, automóviles y motos, y las chimeneas de algunas industrias, son los principales aportantes.

La situación es alarmante, especialmente en ciudades como Medellín y Bogotá, donde los altos indicadores registrados deterioran la salud pública: niños y adultos mayores sufren enfermedades cardiovasculares y respiratorias asociadas a la contaminación del aire.

Es urgente tomar medidas al respecto. En Medellín ya se ha iniciado una campaña para la sustitución de las motocicletas a gasolina por las de motor eléctrico. En Bogotá, y en general en todas las ciudades, se debería fijar una fecha límite —máximo a tres años— para suspender el ingreso de nuevas motocicletas que no sean eléctricas. Otras ciudades del mundo ya tomaron esta medida.

En realidad, la reforma tributaria no fomenta el uso de vehículos eléctricos, pues tan solo redujo el IVA del 19 % al 5 % para motores eléctricos o híbridos, en vehículos, motocicletas y bicicletas. Si se quisiera lograr un impacto efectivo, habría que subsidiar el uso de vehículos eléctricos o híbridos y desarrollar infraestructura para el recargue de baterías.

Desde ya, tenemos que ser mucho más estrictos en el control de emisiones de fuentes móviles y fijas. Para que la ciudadanía —principal víctima— pueda ayudar a hacer efectivos los controles, es necesario que las autoridades ambientales urbanas establezcan un mecanismo de cooperación de manera que el ciudadano pueda anotar las placas de las chimeneas móviles que deambulan por las calles e informar a las autoridades responsables del control de emisiones, para que los vehículos contaminantes sean sancionados y se suspenda su circulación.

Imaginemos que los miles de taxistas de la ciudad —quienes respiran durante largas jornadas a la altura de los tubos de escape— se convirtieran en defensores efectivos de su salud y de la salud pública al reportar ante las autoridades ambientales las placas de los vehículos contaminantes. Esto facilitaría y al mismo tiempo forzaría a la autoridad ambiental para exigir el cumplimiento de la reglamentación. Sería de gran beneficio para todos y sería una medida de mínimo costo que podría hacer efectiva la reglamentación que hoy se incumple. Los turistas que visitan Bogotá y Medellín manifiestan que la mala calidad del aire es una razón que los expulsa de la ciudad. Sienten de manera inmediata la contaminación cuando intentan caminar sus calles. ¿Nosotros? Al parecer hemos aceptado que llevaremos a nuestros hijos a los hospitales o moriremos de alguna enfermedad respiratoria o cardiovascular. Eso no puede ser así. Reaccionemos y exijamos un aire más limpio y saludable en 2017.

*Miembro Consejo Nacional de Planeación. @Juparus

 

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