Por: Luis I. Sandoval M.

Nuevo Congreso: pluralidad, no polarización

El país vive un proceso de reconfiguración de su mundo político. Al tiempo de polarización que vivimos en años anteriores seguirá ahora un tiempo de marcada pluralidad. Ya no es polarización. Se venía incurriendo en un exceso, por inercia, en el uso de esta categoría política.  

Nos estamos aproximando a lo que Chantal Mouffe llama agonía política y, por fortuna, estamos retomando la tarea pendiente desde el fin del Frente Nacional que, durante el período de Virgilio Barco, segunda parte de los 80, Fernando Cepeda llamó el esquema Gobierno/Oposición.

“El modelo de democracia agonista (del griego agonía: lucha, contienda, competencia) reconoce la existencia del antagonismo y le da espacio… La forma agonista no plantea un modelo de amigo-enemigo, sino que entiende la confrontación como una relación de adversarios: está bien, no nos vamos a poner de acuerdo, pero no voy a buscar eliminarlo, sino a reconocer su derecho a tener un punto de vista distinto”, le oí explicar a Chantal, julio de 2015, Bogotá, Biblioteca Nacional.

Lenta, trabajosamente, el país prosigue su modernización política en virtud de factores diversos entremezclados: el fin del conflicto armado interno; la crisis de la representación y, por ende, de los partidos; la adopción de una normatividad política que induce cambios (leyes sobre partidos, bancadas, equilibrio de poderes, oposición).

Y una circunstancia que con frecuencia se pasa por alto, o se malinterpreta: el desarrollo del tejido asociativo y la movilización social, la protesta que tanto incomoda al entrante ministro de Defensa, Guillermo Botero Nieto. El hecho de que conflictos importantes de la sociedad pasen de la confrontación armada a debates en cuerpos colegiados, medios, redes, asociaciones y universidades, o a marchas en calles y plazas, constituye un avance enorme en la vida de un país.

Importante tener muy en cuenta que la democracia es juego plural de intereses, visiones, programas, y que en democracia existen los votos con las manos (elecciones) y los votos con los pies (marchas), que unos y otros son legítimos y que en un país reconocidamente desigual tan importante es la democracia (libertad) como la democratización (equidad).

Congreso, asambleas y consejos, y también las calles, serán escenario del juego de pluralidad en el posacuerdo de paz. Normal, saludable, bienvenido. Las reglas no están en la Urbanidad de Carreño, sino en la Constitución y en los caminos legítimos de civilidad que escoja la ciudadanía.

Una democracia viva y vibrante es un sistema de permanente forcejeo y negociación entre fuerzas diferentes y aun opuestas. La historia nos ofrece claras lecciones al respecto. No habrá estatuto que frene la democracia de movilización que se está abriendo paso en el país.

Grandes asuntos están en la agenda del país y del Congreso: cambios de fondo en lo rural, la política, la justicia, el sistema de pensiones, la educación, la salud, la vivienda, el empleo… el modelo económico, el extractivismo, los cultivos de coca, el cambio climático, el combate a la corrupción, el cumplimiento de los acuerdos de paz ya suscritos, la reparación de las víctimas… el posicionamiento de Colombia en el proceso de integración con los vecinos y frente al traumatizado contexto global…

Grandes actores individuales y colectivos están en el escenario: Álvaro Uribe y Gustavo Petro, las bancadas de gobierno, las de oposición y las independientes, susceptibles de cambios y realineamientos. La composición del Congreso es plural pero, en el fondo, más allá de partidos y bancadas, dos proyectos, dos grandes bloques o alianzas, se disputan la hegemonía o direccionalidad histórica de la nación: uno conservadurista que aparenta cambios y otro progresista que quiere cambios de verdad…   

Colombia requiere más y mejor política. Para ello tiene que garantizarse la vida, muy justo todo lo que se hace y se hará para detener el extermino de líderes sociales (pactos, acciones de sociedad, campaña de Caracol y Procuraduría); todos tenemos que aprender a escuchar a los demás, justo por ello el gesto de violencia simbólica del senador Mockus encaminado a impactar para superar la violencia del saboteo a la palabra; tiene que superarse la intolerancia hacia quienes hicieron tránsito de la armas a la vida y lucha civil, justo que se les incluya y escuche en escenarios democráticos como acaba de ocurrir en la instalación del Congreso con los senadores y representantes del nuevo partido Fuerza Amplia Revolucionaria del Común (FARC).

En democracia cada quien cumple su rol con respeto de los demás y con autonomía, buen síntoma que el presidente Iván Duque hiciera conocer su preferencia, distinta a la del Senador Álvaro Uribe, para la Presidencia del Senado, así fue elegido presidente Ernesto Macías y no Paola Holguín.

Se estrena en este Congreso la disposición (Acto Legislativo 02 de 2015, Equilibrio de Poderes) que otorga curul en Senado y Cámara a la fórmula que obtuvo el segundo lugar en las elecciones presidenciales. Por ello Gustavo Petro es senador y Ángela María Robledo es representante. Contrasta con este avance el hecho de 14.000 votos que no figuran en actas y, sin embargo, aparecen contabilizados otorgando tres curules al partido Colombia Justa-Libres y negando tres: una a los Conservadores: Soledad Tamayo, otra a los Verdes: Jorge Guevara, y otra a Decentes: Gloria Flórez.

La oposición en Senado y Cámara se denomina Bancada por la Paz, la Vida y la Democracia. Los senadores del bloque serían 25 (9 verdes, 5 Polo, 5 FARC, 3 decentes, 2 indígenas, 1 independiente) entre 108; los representantes serían 22 (10 verdes, 5 FARC, 2 Polo, 2 Maís, 2 Decentes, 1 ASI) entre 171.

Esta bancada unida, con Estatuto que le asegura espacios de información y réplica, facilidades para el control político, participación en mesas directivas, con 4 millones de votos en las parlamentarias y 8 millones en las presidenciales, con integrantes de reconocida calidad –Petro, Mockus, Robledo, Cepeda, Bolívar, Feliciano, Angélica, Ángela, Victoria, entre otros y otras– y con el respaldo de redes de sociedad civil y movimientos sociales será, sin duda, una oposición poderosa que no se quedará siendo tal sino que actuará preparando el terreno para ser gobierno.

Grandes momentos vivirá la democracia colombiana a través de los cuales se afianzará la perspectiva de cambio: la consulta anticorrupción (26 de agosto 2018), las elecciones territoriales (octubre de 2019), los ejercicios de planeación en todos los niveles (2018-2020), las nuevas elecciones generales (primer semestre 2022)…

Extraordinario por su pluralidad y los asuntos que abordará el Congreso que se inició este 20 de julio, es de esperar que esté a la altura y sea también un Congreso admirable.

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2018-07-23T21:00:00-05:00

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Nuevo Congreso: pluralidad, no polarización

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