Por: Arlene B. Tickner

Nuevos aires en larelación EE.UU.-Cuba

En medio de otros hechos noticiosos crisis económica, reunión del G-20, gira de Obama por Europa, provocaciones de Corea del Norte han pasado relativamente inadvertidos una serie de anuncios y hechos relacionados con la política de los Estados Unidos frente a Cuba que sugieren un cambio de actitud sutil pero real.

La semana pasada miembros del caucus negro estadounidense (compuesto por legisladores afroamericanos) viajaron a La Habana con el fin de explorar mecanismos de acercamiento binacional. Aunque no es la primera vez que el caucus envía una delegación a la Isla, sorprendió el tono. Se manifestó el deseo de normalizar las relaciones diplomáticas sin precondiciones. Otra señal de interés de construir otro tipo de relación con Cuba es un proyecto de ley que cursa tanto en Senado como Cámara que impediría al Presidente prohibir los viajes a la Isla, salvo en casos de guerra o peligro a seguridad física de los estadounidenses. Llama la atención no sólo el fuerte respaldo bipartidista que tiene el proyecto, sino el número de congresistas que lo ha apadrinado; en la Cámara de Representantes 120 legisladores figuran como copatrocinadores.

De la mano del movimiento en el Congreso, en días pasados la Casa Blanca confirmó que el presidente Obama levantará las restricciones que existen para que los cubanos residentes en Estados Unidos puedan visitar a sus familiares y enviarles remesas. A pesar de que también se hizo explícito que esta decisión no significa un cambio en la política actual frente a Cuba, es difícil no ver en ella un gesto que al menos sugiere la voluntad de mirar el tema de forma diferente.

Son muchas las voces a favor de un cambio de estrategia frente a Cuba.  Prestigiosos think tanks, académicos, empresarios, agricultores, demócratas y republicanos por igual ven poco atractiva la política actual y muy rentable un posible viraje. Desde la declaración del embargo en 1962 el aislamiento y sanción a Cuba no han servido ningún propósito concreto. No ha forzado el soñado cambio de régimen y ha distanciado a Estados Unidos del resto del hemisferio. La comunidad cubano-americana, cuyo lobby explica hasta ahora el mantenimiento de una estrategia a todas luces contraproducente, ya no es ni tan fuerte. Y las nuevas generaciones son menos reacias al cambio que sus antecesores.

En contraste con el pasado, Cuba ya no es un tema central dentro de la agenda internacional de Estados Unidos. Justamente por los bajos costos que implicaría y los enormes beneficios que traería, muchos han considerado que el replanteamiento de su estrategia frente a la Isla es una prioridad. No sólo daría fin a una política inefectiva y absurda, permitiendo una mayor integración de Cuba al hemisferio, sino que potenciaría mayores canales de cooperación con América Latina. Sin duda éste sería el más claro mensaje que podría enviar el gobierno Obama a los países latinoamericanos —que todavía guardan una profunda desconfianza frente a Estados Unidos— sobre su voluntad de cambiar los términos de las relaciones hemisféricas. Amanecerá y veremos.

Profesora Titular. Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes.

 

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